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Full text of "La hija del mar : drama en tres actos y en prosa"

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EL. TEATRO 



COLECCIÓN DE OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICA* 



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DRAMA 



EN TRES ACTOS Y EN PROSA 



TRADUCCIÓN DEL ORIGINAL CATALÁN 



ANÍ^BI^ OXJIAdCBl^Á 



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MADRID 



FLORENCIO FISCOWICH, EDITOR 

(Sucesor de Hijos de A. Gullón) 

PEZ, 40.— OFICINAS: POZAS, % 2 ° 
1900 



LA HIJA DEL MAR 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales baya celebra- 
dos, ó se celebren en adelante, tratados internaciona- 
les de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la galería lírico-dramática 
titulada EL TEATRO, deD. FLORENCIO FISCO- 
WICH, son los exclusivamente encargados de conce- 
der ó negar el permiso de representación y ael cobro 
de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA HITA DEL MAR 



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EN TRES ACTOS Y EN PROSA 



TRADUCCIÓN DEL ORIGINAL CATALÁN 



ANGEIy OTTXIMnE^RA 



Estrenado en el TEATRO DEL ODEON, de Buenos Aires, la 
noche del 12 de Septiembre de 1899 



3*S 



MADRID 

R. YELASCO, IMP., MARQUÉS DE BASTA ANA, 11 DUP.° 

Teléfono número 551 
f ooo 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



ÁGUEDA Sra. Guerrero. 

MARIONA Martínez. 

CATALINA Srta. Cancio. 

LUISA COMENDADOR. 

FILOMENA Bofill. 

TOMÁS PEDRO Sr. Díaz de Mendoza. 

BALTASAR Cirera. 

CINQUENAS U quijo. 

MOLLERA Montenegro. 

RUFO Torner. 

GREGORIO Fúster. 

Gente del pueblo 



ÉPOCA -A.CT T7-A. la 






ACTO PRIMERO 



En el fondo, el mar. A la derecha, en primer término, una casa de 
pescadores. En segundo término, barcas, y en último término, 
avanzando en la escena y sobre el mar, rocas practicables. En la 
parte izquierda de la escena, primer término, una casa grande 
con escalera exterior de piedra, que llega al primer piso: en se- 
gundo término, otras casas y entrada á una calle: en último tér- 
mino rocas y pinos. Es por la mañana. 



ESCENA PRIMERA 

CATALINA, LUISA, FILOMENA, RUFO y MOLLERA. Frente á la 
casa de la derecha, Catalina empezará á encender un hornillo de 
tierra. Luisa y Filomena, frente á la casa de la izquierda, sentadas 
en el suelo, remiendan una red de pescar. Rufo y Mollera, hacia la ' 
derecha y más atrás, construyen una lancha, que está muy atrasada. 
Al levantarse el telón tarda algún tiempo en empezarse el diálogo 

Cat. Filomena. 

Fil. ¿Qué? 

Cat. ¿A que acierto en qué estás pensando? Pien- 

sas en Tomás Pedro. 

Fil. |Síl ¡En Tomás Pedro! ¡Pues si no le puedo 

veri ¡Es más fastidioso! 

Luisa ¡Vaya si es fastidiosol ¡Y con un orgullo!... 

¡Como que se figura que todas las mucha- 
chas se mueren por él! 

Cat. Según eso, no lo quei riáis. 

Fil. Aunque me lo dieran pesado en oro. 



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Luisa Aunque se me arrodillara delante. 

Cat. Dicen que es muy rico: que su tío le ha dado 

muchos doblones. ¿Los has visto tú? ¿Sabes 
tú lo que ha hecho su tío? Volverlo á em- 
barcar, porque tan holgazán era en América 
como aquí. 

LUISA (Burlándose.) ¡Tomás Pedro rico! (Levantando 

la voz.) ¿Oyes tú, Mollera? 

Móll. (Acercándose.) ¿Ya volvéis á hablar de Tomás 

Pedro? 

Fil. Es que Catalina se figura que trajo un for- 

tunen de Montevideo. 

RUFO (Acercándose poco á poco.) Como rico, SÍ que es 

rico. Y como buen mozo... sí que es buen 
mozo. Y como rumbo... tiene más rumbo 
que todos los de la costa; con que lo que he 
dicho. 

Ca? . (Burlándose.) Explícate, Rufo, explícate. 

Móll. Lo que os diga, es que donde yo esté no he 

de oir que nadie alabe á ese sinvergüenza. 

(Voviendo al trabajo.) 

Rufo ¿Sinvergüenza? Vamos á ver, ¿por qué dices 

eso? 
Fil. Lo dice, porque sí. ¿Entiendes tú? 

Luisa Porque engaña á las mozas. 

MÓLL. (Adelantándose á Rufo.) ¡Eal Prueba tú todo esto 

que decías de Tomás Pedro: lo de rico y lo 
de rumboso... y todo eso Anda, pruébalo. 

RüFO Claro que lo probaré. (Las mozas quieren hablar.) 

Cat. Dejad que Rufo se explique. 

Rufo Digo que es rico, porque no trabaja y por- 

que todos los días estrena corbata nueva: 
¿con que á ver? Y digo que es buen mozo y 
de rumbo... porque lo e?, y porque todas las 
mozas se enamoran de él. ¿Con que si que- 
réis más? Y si engaña á muchas, como esa 
dice, es porque ellas se dejan engañar. 

Luisa ¡Que me venga á mí con zalameríasl , 

Fil. Eso: que venga á mí, que de la primera 

guantada... 

Móll. Bueno. No se hable más de Tomás Pedro. 

Y tú, Rufo, á la faena. (Yéndose á trabajar en 
la lancha.) 

Rufo Pues que lo diga Catalina, ella que ya está 



casada, si no es guapo Tom¿s Pedro. (Yendo 

al trabajo.) 

Cat. Para ser novia suya, sí que debe ser guapo. 

Para mí... ¡qué quieres que te diga!... Yo 
tengo á Gregorio. 

Luisa ¿Y cuál es ahora su novia? Porque yo he 

perdido la cuenta. 

Móll. (a Luisa.) Si vuelves á hablar de Tomás Pe- 

dro te despavilo yo á tí. 

Luisa ¿Y por qué te has de meter tú conmigo? 

Móll. Porque tú no tienes que hablar de nadie 

más que de mí; todo el día de mí. ¿Esta- 
mos? Que ya te dije que éramos novios. 

Luisa Y yo te dije que no te quiero, ni te querré 

nunca. ¡Vaya con el hombre! 

Móll. Hecho un veneno me pone esta muchacha. 

Rufo Míranos á nosotros, á Filomena y á mí, y 

aprende. Yo á Filomena la quiero tanto 
como tú puedes querer á Luisa, y no por 
eso me importa que hable de Tomás Pedro. 
¡Claro! ¡Como que sé que no me la ha de 
quitar! 

Fil. ¡Claro! 

Móll. (Enfadado.) Ni á mí me quitaría á Luisa. 

Luisa (También enfadada.) ¿Qué te ha de quitar si yo 

no soy tuya? Os digo que me desespera este 
hombre. 

Fil. (v Luisa.) No le hagas caso. 

Rufo ¿Qué nos importa á nosotros de Tomás 

i ; edro? 

Móll Importarnos, no nos importa nada: conque, 

mejor es que nos volvamos al trabajo. 

Fil. Ea, que yo debía haber acabado ya este zur- 

cido. 

Cat. Yo sí que tengo que hacer... y va á llegar la 

barca. 

Fil. ¿Quién viene en la barca? 

Cat. Gregorio, mi suegro y Águeda. 

Luisa ¡Parece mentira!... ¡Ese diablo de Águeda se 

estaría siempre en el agua! 

Cat. ¡Claro está!... ¡Cómo que es hija del agua!.. 

(Acercándose á las muchachas.) Y VOSOtraS, Sabéis, 

cuando se hable de Tomás Pedro, hay que 
hablar bajito, que aquéllos no lo oigan. 



— 8 — 

Fil. Es verdad. ¿Qué se nos da á nosotros de ese 

rúala cabeza? 

Luisa Claro que no: y ahora... vamos á ver, ¿á 

quién corteja ahora? ¿A quién? ¿Sabéis vos- 
otras? 

Fil. ¿A quién? A Teresa la... 

Cat. (interrumpiéndole.) ¿Qué sabes tú? Teresa se 

marchó hoy mismo á la ciudad á ponerse á 
servir. ¡Corro que hace días que la plantó! 

Fil. ¡El muy sinvergüenza! ' 

Cat. Conque ahora á ver quién se casa con ella. 

Luisa Es que Teresa también tiene mala cabeza. 

Fil. Antes de conocer á Tomás Pedro no la tenía. 

Cat. ¿Y María de Casa Lorenzo, no era una bue- 

na muchacha? Pues ya ves tú la paga que le 
ha dado. 

Luisa Es que dicen que María... (siguen hablando en 

voz baja.) 

Móll. (a Rufo.) Para mí que aquéllas vuelven á ha- 

blar de Tomás Pedro. 

Rufo Déjalas y trabaja. 

Cat. (a las otras.) Ha hecho tantas, que si tuviése- 

mos vergüenza, hoy mismo le echábamos 
del pueblo, después de hartarlo de palos. 

Luisa Eso está bien. ¿Pero qué novia tiene ahora? 

Fil.» Eso es lo que queremos saber, eso. 

Cat. Pues yo ya me figuro quién es. 

Luisa Pues dilo, ¿quién es? 

Cat. (a Luisa.) La de aquí enfrente. 

Fil. ¿La Mariona? 

Luisa (a Filomena.) Eso querrá decir: la Mariona. 

Porque la pobre Águeda no será. (Riendo.) 

CaT. (interrumpiendo de nuevo el trabajo y volviéndose á 

ellas.) Ya veréis: él pata y vuelve á pasar, y 
no hay día en que no se meta en la casa con 
el pretexto de que quiere comprar una barca 
al tío; al tío de ella, ¿comprendéis? 
LuiA Por eso, cuando bajaba Mariona, se ha ido 

tras ella. Y la habrá alcanzado, ¡clarol (Mi- 
rando hacia la izquierda de la escena.) 

Fil. No, mujer; no puede ser Mariona, porque 

yo le oí decir á su tío que si Tomás Pedro 
festejase á una muchacha en quien él man- 
dase, antes la querría muerta que consen- 



— 9 — 

tirio. Y, ¡claro! él hace las veces de pagare 
de la Mariona: ¡como que piensa dejarle todo 
loque tienel 

Luisa (Burlándose.) [Tendría qne ver que fuese Águe- 

da! Águeda es muy loca. (Ríen las dos. Catalina 
aviva el fuego.) 

MÓLL (Arrojando la herramienta.) Te digo que están 

hablando de él. 
Rufo Pues que hablen. 

FlL. (A Mollera que se ha acercado.) ¿Sabéis quién es 

la novia de?... 
Luisa (naciendo callar á Filomena.) Nada, no decimos 

nuda; ea, dejadnos en paz. 
Mór.i . ¿Pues de qué hablabais? 

Luisa v Disimulando.) De nada., decíamos., que aún 

no ha nacido el que ha de ser novio de 

Águeda. 
Rufo (\ Moliera.) ¿Lo estás viendo? 

Mói l. ( \ Filomena.) ¿Era de eso de Lo que hablabais? 

LuISa Pues de eso, hombre. (Sin dejar hablar á Filome- 

na.) Porque Águeda, ni se .«abe d<± dónde ha 
venida, ni siquiera se sabe si es cristiana. Y 
ya conoce la pobre que nadie ha de querer- 
la nunca. Mariona ya es otra cosa. ¿Verdad, 

Catalina? (Con intención. Kufo disputa con Mollera, 
empeñado en que hablaban de Tomás Pedro.) 

Cat. ¡Clarol Mariona... es Mariona. 

Fil. Por eso digo que no puede ser Águeda. Pero 

tampoco puede ser Mariona, porque él... 

Móll. ¿Quién es él? 

Luisa Gregorio, ¿quién había de ser? Decíamos 

que Gregorio salió con la barca. 

Móll. No es eso: hablabais de Águeda y de él. 

Rufo ]Qué pesado es este Mollera! 

Luisa ¡Burlándose.) ¿Pues no ha ido Águeda á pescar 

con Gregorio? 

Móll. Es que decíais él, y hay que saber quién 

es él. 

Cat. No seas pelmazo; hablábamos de Tomás Pe- 

dro, ¿y qué? 

Móll. ¡Maldito sea el demonio! 

Luisa Este quisiera que nos volviésemos mudas. 

MÓLL. (Contra Luisa.) Ya te diré yo. (Se burlan de él. Fi- 

lomena y K'ufo le contienen.) 



— 10 — 

Cat. Callarse, callarse, que viene Tomás Pedro. 

Fil. Y viene con Mariona. 

Luisa Cabal: con Mariona, son novios; ¡vaya si 

SOn novios! (Entretanto Rufo calma á Mollera.) 

Cat. Ahora sabremos si lo son. Cada uno á su 

sitio y á escuchar cuando pasen. 
Luisa Hagamos como que no los vemo3. (Las mozas 

vuelven á su trabajo.) 

Cat. (a Rufo y Moliera.) Vosotros á la lancha. 

MóTx. (a Rufo.) Pues no quiero que le mire Luisa. 

Rufo Vamos, vamos, hombre. 

Cat. Hagámonos las distraídas. Ahora vienen, 

ahora. 



ESCENA II 

catalina, lüi-a, filomena, RUFO, MOLLERA, MARIONA y 
TOMÁS PEDRO. I os dos últimos vienen por el camino de la izquier- 
da. Ella trae un paquete de cirios. Cruzan la escena por entre la lan- 
cha y Luisa y Filomena y desaparecen por el primer término de la 
derecha, pasando por delante de Catalina. Antes de presentarse en 
escena se habrá oído una risotada de Mariona, y después otra de ella 
y de Tomás Pedro 



MAR. (A Tomás Pedro) Qué bromista eres. (Riendo.) 

Tomás (con cierta guasa y prosopopeya.) Pues verás: di 
cen que yo soy así. Como á manera de bar- 
ca, que unas veces va hacia un lado y otras 
veces va hacia otro; y cuando menos se pien- 
sa da la vuelta en redondo. Pero entiéndelo: 
no es culpa de la barca sino del timonero. 

Mar. Ya ves como tú mismo lo dices: que unas 

veces te vienes hacia aquí y otras te vas 
hacia allá. 

Tomás No es eso, mujer. Ahora la barca está en el 
puerto, propiamente en el puerto, y el cora- 
zón ya no hace de timonero, sino que hace 
de ancla, Mariona. 

MAR . ¡Calla! ¿Nos Oyen? (Ya están cerca del bastidor de 

la derecha y de espaldas á las personas que hay en es- 
cena.) 

TOMÁS (a Mariona.) ¿Qué?... (Volviéndose.) BuenOS días: 

á todo el mundo le doy los buenos días, (to- 



— 11 — 

dos bajan la cabeza rápidamente como ¡si trabajasen 
distraídos.) 

Mar. Déjalos. 

Tomás Eues, como te iba diciendo: no hay más 

que eso, lo que te iba diciendo. 
Mar. (Desapareciendo con ¿1.) ¿A ver cómo? Repítelo. 

(Se sigue oyendo la voz de Tomás Pedro y también se 
oyen las risas de ella al alejarse.) 



ESCENA III 



CATALINA, LUISA, FILOMENA, RUFO y MOLLERA. 



Luisa 
Fil. 
Cat. 
Rufo 



MÓLL . 

Luisa 



¿Habéis oído? Se van enamorando. 

Sí que se enamoran. 

Tan sinvergüenza es él como ella. 

(a Moliera.) ¿Lo e. ; tá.-3 viendo? Ya ves que no 

festeja á Luisa, porque ahora tiene á la Ma- 

riona. 

[María Santísima! Ya hizo perder el juicio á 

la Mariona. (Catalina ríe maliciosamente.) 

(contrariada.) ¡Clarol El va tras el dinero; y la 
muy tonta, la muy presumida, tan contenta 

y riendo. ¡Ahí ¡ah! (Remedándola.) 



ESCENA IV 

CATALINA, LUISA, FILOMENA, KUFO, MOLLERA y CINQUENAS 



ClN. (Desde la casa de la izquierda.) ¡Eh, muchachasl 

(no le oyen.) Tú, Catalina... ¿Has visto por ca- 
sualidad á mí sobrina? 

Cat. Ahora mismo la hemos visto, (cinquenas va 

bajando la escalera.) Y ¡vaya por DiosI que iba 
bien acompañada. 

Luisa ¡Ya lo creo! ¡Como que iba con Tomás 

Pedro! 

Cin. La mandé á comprar dos cirios. ¡Ya veis! 

Hoy se ha de decir la misa d'Agueda... De- 
jadme Sitio. (Sentándose.) 



— i i — 

Cat. Pues ha pasado por aquí: digo yo que ven- 

dría de la tienda y que iría á la iglesia. 

Luisa ¿Y qué misa es esa que dicen de Águeda? 

Cin. Una mi^a que no se dice más que una vez al 

año; poique tal día como hoy vino Águeda 
al pueblo. ¡Y de una manera muy rara! Por 
mí ya se hubi« ra acabado eso de la misa; 
porque bastante hago con tener á Águeda 
en mi casa. Pero Baltasar es tan testarudo... 

Cat. El dice que los padres de Mariona prometie- 

ron á Dios Nuestro Señor que todos los 
años harían celebrar esta misa. 

Cin. ¡Es verdadl Pero los padres de Mariona ya 

están muertos. 

Cat. ]Vaya, hombre, que no es tan gran sacrifi- 

cio! Y si á Mariona la deja usted heredera, 
bien puede usted hacer eso por la pobre 
Águeda, que ellos la querían mucho 

Luisa ¡Abuelo! ¡Vaya una suerte que tiene Ma- 

riona! 

Cin. ¡Será rica! Por más que te tías, yo te digo 

que será rica; más que todos los del pueblo. 

Luisa No lo digo por eso (me catalina.) Lo digo por 

el jkvío; que no le vendrá mal encontrarse 
con una novia tan rica. 

Cin. ¡Qué novio!.. (Todos ríen.) Mariona no tiene 

novio, por ahora; y el día que se quiera ca- 
sar, ya le buscaré yo uno. ¿A qué viene esa 
risa? 

Fil. (Burlándose.) Oye, Rufo, el abuelo no sabe 

nada. 

Rufo ¡Cómo no ha de saberlo! 

Cin. Pero, ¿de qué estáis hablando? 

Luisa Entérese u¡?ted, hombre. El mismo, lo oye 

usted, al pnsar por frente á su casa de usted, 
echó el ancla. ;itiendo.) 

Cin. ¡El ancla! ¿Qué ancla dices? Oye tú, Catali- 

na, ¿las entiendes tú á éstas? 

Cat. Pero, abuelo, ¡si todo el mundo sabe que 

Mariona y Tomás Pedro tienen amores! 

Cin. ¿Que Mariona tiene amores con...? (Todos lo 

afirman con un movimiento de cabeza ) ¡Vaya, Vaya! 

No quiero oír eso; que no me gustan esas 
bromas. 



— 13 - 

Luisa Se hace el sordo. 

Móll. (Acercándose un poco.) Yo los casaría ahora mis- 

mo, y con eso todo ePmundo viviría en paz 
en el pueblo. 

Cat. (Aparte ) (Todo el mundo en paz es mucho 

decir.) 

Cin. ¡Es que no es verdad nada de esol 

Rufo La verdad es que no hemos oído nada. 

Cin. ¡Ya me lo figuraba! 

Cat. Pues los demás lo hemos oido muy claro. Y 

usted no tiene vergüenza si consiente. 

Cin. ¿Y quién se figura que he de consentirlo? 

(Con él! ¡Con ese píllete de playa! ¡Permita 
Dios que antes de que tal cosa suceda se 
vaya con sus padres Mariona al cielo! 

Cat; Me parece que llega usted tarde, porque 

ese píllete no sé cómo se las compone que 
las enamora de seguida. Y tan pronto como 
las enamora se cansa de ellas. Y las infeli- 
ces se quedan infelices para todo lo que les 

queda de vida. (Volviéndose de espaldas rabiosa y 
limpiándose una lágrima.) 

Cin. Os digo que Mariona no ha de hablar más 

con él. Y si ellt se emperra la echo de 
casa; y si me apura mucho la desheredo y 
hago otro testamento y ee lo dejo todo á mi 
tiernas no. 

Luisa Eso. Y ya verá usted cómo él la planta en- 

tonces. 

Cat. Si; charle usté, charle usté; que tan y mien- 

tras que se está usté aquí charlando, él, por 
allá arriba, la ettará haciendo perder el 
juicio. 

Cin. Pues yo haié qre le vuelva el juicio, que 

ahora mismo Se acabó todo. (Todos lo aprue- 
ban.) ¿Dónde está Mariona? ¿Dónde está? 
Que en cuanto yo la encuentre se acabó 

todo. (Va á salir por donde se han ido Mariona y To- 
más Pedro. Éste se presenta y le detiene.) 



— 44 - 



ESCENA V 



CATALINA, LUISA, FILOMENA, MOLLERA, RUFO, CINQUENAS 
y TOMÁS PEDKO 

Tomás ¡Hola, Cinquenas! ¡Ahora mismo he dejado 
á Mariona! 

ClN. (insistiendo en salir.) Pues es que yo necesito 

verla. 
Tomás No hace falta que vaya usted á buscarla, por- 
que ella va á llegar ahora mismo. ¡Como que 
me ha dicho que la esperase aquí! (catalina 

rie: todos hablan en voz baja.) 

Cin. (Aparte.) (¡Como hay Dios que me va á dar 

algo!) 

Tomás La encontré que salía de su casa de usted. 

Cin. Y tú entrabas por Jo del falucho, ¿no es 

eso? 

Tomás ¡Pues eso es! Y si me lo vende usted le cam- 
bio el nombre y la condición en un abrir y 
cerrar de ojos. Haremos un bautizo muy 
rumboso; que ya tengo pensado el nombre 
que he de ponerle: La hermosa Mariona. 
¡Vaya si es bonito! y pintado de rojo: un co 
lor muy rojo, pero muy fino. La hermosa Ma- 

l'iona. (Como si lo escribiese en el aire. Todos ríen 

menos Catalina y Cinquenas ) 

Caí - . (a cinquenas, en voz baja.) ¿Pero usted por qué 

se calla? 

ClN. (a Catalina, en voz baja.) ¡Ya VeráS lo que hago 

yo con esa arrastrada! (intenta salir.) 
Tomás (Bromeando.) ¡Altol ¡Por aquí no se pasa! [No 
ponga usted esa cara tan seria! (Todos ríen de 

lo apurado que se encuentra Cinquenas.) 

Cin. No sé cómo me contengo. 

Tomás Le digo que no quiero que ponga esa cara 
de penas. Porque sepa usted que vengo de 
hacer una buena acción. ¡Vaya! 

Cin. ¡Tú hacer buenas acciones! 

Tomás No digo que haya hecho más que una. ¿No 
me creéis vosotras? Pues hice una buena 
acción. No será una cosa muy grande, pero f 



— 45 — 

en fin, es una buena acción. (Las mozas indican 

que lo creen. Cinquenas se limpia la frente con el pa- 
ñuelo. Catalina murmura algo que no se le oye.) 

Luisa ¿Pues no lo hemos de creer? 

Rufo Ya habrás hecho algo gordo. ¡Digo! ¡La cos- 

tumbrel 

Tomás Pues como Mariona iba á comprar dos ci- 
rios para no sé qué fiesta de iglesia de la 
moza que tiene usted en su casa, le he dicho 
que no pusiera dos cirios en el altar; que 
eso era una miseria; sino una docena y de 
los gordos. Y que los pusiera en mi nombre, 
y por lo que yo me sé. 

Cin. ¿Y quién los paga? 

Tomas ¿Quién los ha de pagar? Esta persona. Pero 
eso no es nada; porque hice más: le di dine- 
ro para que en saliendo de misa lo reparta 
entre los pobres. Ea, que vacié la bolsa. (En- 
señando la bolsa y sacudiéndola.) 

Rufo Y para tí, ¿qué es eso? Tú ees rico. (Moliera 

disputa con Luisa, que siempre le nace desaires.) 

Tomás Rico, lo era Pero ya no me queda nada. Ni 
me importa; poroue yo sé que la suerte va 

conmigo, (a Mollera, que se burla.) Te digo quȒ 

tengo mucha suerte. ¿Cuánto apuestas á que 
si me meto en una barca y salgo al mar, por 
mal viento que sople vuelvo con Ja barca 
rebosando pescado? 

Móll Porque tirarás con dinamita. 

Tomás Con lo que sea. ¿Y qué apuestos á que si 
echo en una carta una moneda de oro, se 
me llenan de oro los bolsillos? (a cinquenas.) 
Ea, usted que tiene tanto dinero ¿á ver si 
apuesta? 

Cin. ¡Déjame en pazl 

Tomas ¡La suerte!... ¡Decís la suerte! A la suerte la 
llevo yo á rastras. 

Rufo ¡Y dices verdad! 

Móll. Porque harás trampas. 

Tomás ¿Trampas yo? Grandísimo bestia, y on he 
hecho trampas en mi vida Es que la suerte 
es mía. Y lo que te digo de la barca y de las 
cartas, te lo digo de las muchachas. 

MÓLL. (a Luisa.) Vete de aquí. (Luisa no se va.) 



— 16 — 

Tomás ¡Catalina! (catalina finge que no le oye.) ¡Catali- 
nilla! ¡Será que á las muchachas las cojo 
como á los peces con dinamita! (Ella se aparta 

refunfuñando.) 

Rufo ¡Me haces reir! 

Móll. (a Rufo, en voz baja.) ¡Créeme! Las muchachas 

no están bien aquí. 

CAT. (a Cinquenas, en voz baja.) ¿Por qué 110 Se le 

cuadra usted? 

Cin. (En voz alta.) No me cuadro con él... porque 

hasta me da vergüenza de hablarle. Y hasta 
me da vergüenza de oirle. 

Tomás ¿Que le da a usted vergüenza de oirme? 

Cin. ¡Que sí; te digo que sil Y ahora, has de sa- 

ber que no quiero que le hables más á mi 
sobrina. ¿Me comprendes? Y cuando la en- 
cuentres no quiero que la detengas. ¿Me vas 
comprendiendo? Y si os encuentro juntos, 
voy á hacer una que sea sonada. 

Tomás ¡Pero abuelo! ¿Por qué se enfada usted ahora? 
¿Hice algún daño á su sobrina? 

Cin. Has hecho daño á mucha gente; que por tu 

culpa no se acaban las lágrimas en el pueblo. 

Tomás ¿Le estáis oyendo, muchachas? Decidlo vos- 
otras: ¿os di alguna pena? 

Luisa A mí, no... digo, hasta ahora. 

Fu.. A mí tampoco. 

Tomás En que si os hubiera hecho algún daño, no 
acababa de arrepeiítirme en toda la vida. 
¡Porque sois más saladas y tenéis más gar- 
bo!... (Ellas ríen.) ¿Lo Ve Usted? (Dicen que no.) 
Pues mientras las mozas me defiendan, que 
digan todos los demás lo que quieran. (Acer- 
cándose á Filomena.) 

Rufo (a Tomás Pedro.) Está bien. Pero á Filomena 

no me la toques, (a Filomena.) Y tú, largo de 

aquí; y en Seguida. (Tomás Pedro se ríe alto.) 
MÓLL. ¿Y tú, por qué te ríes? (Ellas quieren replicar: 

Rufo y Mollera se empeñan en echarlas de escena.) 

Cin. (a Tomás Pedro.) Conque, ya estás enterado, ¡y 

que me condenen si no cumplo lo que dije! 
Has de saber que Mariona. no es para tí. 
Porque antes la echo de casa y hago que te 
prendan y que te embarquen. 



— 17 — 

Tomás ¡Ea! Abuelo, márchese y expresiones á Ma- 

riona. 
Cin. Pues aunque no lo creas he de hacer que te 

embarquen; y á ver si te traga el mar. (se va 

por la derecha hablando.) 



ESCENA VI 



CATAIXNA y TOMÁS PEDRO 

Tomás (Riendo.) ¡Qué gracia tiene este pobre hom- 
bre! ¡Como si se prendiese á la gente porque 
á él se le antoja. Como es el ricachón del 
pueblo se le figura que poniendo en línea 
sus siete barcas con la gente que las tripula, 
ya puede declararme la guerra. La guerra... 
marítima. ¿Le has oído, Catalina? 

Cat. A mí no m o importan esas cosas vuestras. 

Tomás Claro está que no: como tú ya estás casada... 
Y qué tal te va con Gregorio? (Ella no respon- 
de: tiene la cabeza baja y está arreglando la comida ) 

¡Vamos á ver! Dímelo en confianza. ¿Le 
quieres mucho? (no responde.) ¡Calalina! 

Cat. (Como distraída.) ¡Muchol 

Tomás ¿Síf ¿De veras? ¿Mucho? (Acercándose.) ¿Le 
quieres más que me quisiste? (Dudando.) 
¡Vaya! Que no lo creo. 

CAT. (Mirando á todas partes y enfadada.) Es que á tí 

no te ha querido nunca, y tampoco sé de 
qué me hablas. 

Tomás ¡Si nadie nos oye, mujer! Además: ¡lo pasa- 
do... ya pasó! y no seré yo quien lo pu- 
blique. 

Cat. ¡Como que yo te desmentiría! Y á más de 

desmentirte te llenaba la cara de bofetadas. 

Tomás Y harías muy bien. ¿Ves tá? Estas cosa3 se 
acaban como se acabó lo nuestro: cuando uno 
se cansa... pues se acabó. Y en no sabiendo 
nadie nada, como si no hubiera pasado 
nada. 

CAT. ¡Bueno! ¡Déjame en paz! (Queriendo decir que se 

vaya.) 

Tomás ¡Como te digol Y tú ya lo sabes: llegó un 



— 18 — 

día en ojie empezamos á darnos fastidio; tú 
á mí y yo á tí. Y listo. Yo eché al mar la 
l'ave del huerto de tu casa: á tí te gustó más 
Gregorio: y listos los dos. 

Cat. [No sé cómo te atreves á hablar de estas co- 

sas! (Con un movimiento de repugnancia.) ¡Ka! Que 
no me acuerdo de nada. 

Tomás Bueno: pero confiesa que cuando nos sepa- 

ramos ya no me querías mucho. 

Cat. (conteniéndose.) Te digo que me dejes. 

Tomás Pero ya no me querías, ¿verdad? 

Cat. No te quería, no Y aquello acabó, y muy 

bien que hicimos en que acabase, porque, 

¡mira' (Costándole trabajo contenerse.) Te digo 

que tú ntmca has tenido cariño, ni ley, ni 
alma, ni pizca de corazón. 
Tomás i Pues entonces no me decías estas cosas! 

Cat. (Rabiosa.) ¿Que 110? .. (Fingiendo reír.) Pues era 

porque no había conocido aún á Gregorio. 
(Con vehemencia.) A él sí que le quiero; porque 
el no ha querido nunca á otra mujer más 

que á mi. (Rabiosa, despreciativa y siempre riendo.) 

TomÁí ¡Así me gusta! Que te dé risa. 

Cat. Pero, ¿qué te habías pensado? ¿Que á mí se 

me importaba algo de tí? 

TOMÁS (Mirando hacia la derecha por si viene Mariona.) ¿Que 

me había de pensar yo? ¡Pues si estábamos 
iírualesl Al día siguiente ya no me acordaba 
de tí; que entonces fué cuando me encariñé 
con la del molino de arriba. 

Cat. . Ya lo sé; no te molestes en contármelo. 

Tomás Lo que tú debías de hacer ahora es ayu- 

darme. 

Cat. (Conteniendo la indignación.) ¿Que yo te ayude? 

¿y te atreves á proponérmelo? 
Tomás Es que si no creeré que te supo mal el que te 

dejase. La verdad es que me estás hablando 

de un modo... 
Cat. ¡Pues sí que te ayudaré! Solo porque no te 

creas que te conservo mala voluntad ó que 

estoy enfadada. ¿Enfadada contigo, chico? 

Eres muy vanidoso. ¿Qué te figuras? 
Tomás ¿Conque, hacemos las paces, verdad? 

Cat. ¡Las paces! ¿Para qué? ¿Pues hemos estado 



— 19 — 



Tomás 



Cat. 

Tomas 
Cat. 
Tomás 
Cat. 



en guerra? Y ahora, lárgate; que veo venir á 
Gregorio con la barca. 

Adiós, Catalina; y en señal de que somos 
amigos y de que me ayudarás, choca estos 

cinCO. (Le alarga la mano, ella se limpia la suya con 

el delantal.) 

¿Por qué no? (Al ir á darle la mano la retira.) No, 

que no, te tiznaría. 

¡Como quieras! (Yendo hacia el foro derecha.) 

Amigos... quedamos amigos. Y te ayudaré. 
Está bien: gracias, Catalina. 
]Como hay Dios que le ayudaré; le ayudaré 
hasta que se pierda! ¡Atreverse á decirme 
cara á cara lo que me ha dichol ¡Que se ha- 
bía cansado de mil ¡Ehl Bien está... Ahora á 
recibir á Gregorio. El pobre Gregorio si que 
me quiere. ¡Ah! Ya está aquí la barca. 



ESCENA VII 

CATALINA, ÁGUEDA, BALTASAR, GREGORIO y dos MARINEROS. 

Vienen en la barca por el lado de la izquierda del foro. Cuando se 

indique salen á escena por diferentes sitios, FILOMENA, LUISA y 

otras mujeres; RUFO, MÓLLER \ y otros hombres. 



GREG. (Desde la barca.) ¡Catalina! 

Cat. ¡'-Gregorio! 

GREG. ¡Mira!... ¡Mira, para tí! (Enseñándole dos pesca- 

dos.) ¡Como eé que te gustan, los traje para 

tí! (Salta á tierra.) 

Cat. ¡A verlos! ¡A verlos! ¡Qué grandes! ¡Y cómo 

Saltan y colean! (Águeda ha saltado á tierra y ha 
ido á sentarse en una de las piedras, que hay en 
primer término.) 

Águeda No sé para qué habíamos de volver á tierra 
tan pronto. ¡Estábamos tan bien en el marj 

Balt. ¿Y la misa? ¿No te acuerdas que la misa es 

por tí? 

Águeda ¡Bueno! Pues que digan la misa. Pero la pes- 
ca ha, ido muy bien. 

Bal'i. (a ios dos marineros.) Coged las canastas y lle- 

vadlas al carro. ¡Cuidado, Junco, que dejas 
caer el pescado! 



— 20 — 

LUISA (Llega corriendo con otras mujeres.) ¡Toma! ¡Ya 

han llegado! 
Fil. (Liega con otro grupo.) ¡Ya está aquí la barca! 

RüFO (Llegando con otra gente.) ¿Qué tal ha ido la 

pesca? 
Greg. Por la hora presente, no puede decirse que 

ha ido mal. 

BaLT. (A los dos marineros.) TÚ, JuilCO, dileS á IOS del 

mercado que antes del mediodía volvemos á 
salir; que la cosa pinta y que el viento aflo- 
ja. (Desaparecen por la derecha los dos marineros con 
las cestas.) 

Móll. ¡Águeda! 

Águeda (Está cabizbaja.) ¿Qué hay? 

Móll. ¿Qué haces ahí tan sola? 

Águeda Nada... ¿Qué quieres que. hasja? [Añorarme! 

Luisa (Riendo.) ¿Que tu te añoras? ¿Y por qué? 

Águeda No lo sé. 

BaLT. (\'a de un lado para otro arreglando enseres de la bar- 

ca.) Lo que has de hacer, chiquilla ,es acer- 
carte al fuego para que se te seque la ropa. 

Águeda (Malhumorada.) Ya se me secará encima del 
cuerpo. Pero, en fin, allá voy. 

Gkeg. (Desde lejos. Riendo.) ¡Catalina! ¿No sabes lo 

que nos pasó! Águeda se cayó al agua. 

CAT. Pues entra á mudarte. (Águeda dice que no con 

la cabeza.) Pero, mujer, para ir á misa tienes 
que mudarte. 

Águeda (Medio riendo.) Ya estoy bien. 

Balt. Atended, muchachos, y que atiendan las 

mozas. Ahora, cuando toquen, todo el mun- 
do se viene conmigo á la misa de Águeda y 
después volvemos; y el que quiera, almuerza 
aquí con nosotros; que yo pago; sino es que 
no tragáis mucho. Después cada uno á su 
casa; y nosotros al mar otra vez. Tú, Águe- 
da, puedes quedarte en tierra, porque para 
tí es día señalado: ¡claro! tal día como hoy te 
salvamos. 

Águeda ¿Y qué había de hacer yo en tierra? Por mi 
gusto siempre me estaría en el mar. (catalina, 

Baltasar y Gregorio, siguen llevando y trayendo cosas 
entre la barca y la casa.) 

Rufo (a Águeda.) Tú, como los peces, ¿verdad? 



— 21 — 

Águeda (Riendo.) Eso no puede ser: pero si pudiera 
ser siempre en el agua. 

Fil. Por eso has querido ser pescadora, como esos. 

Luisa Por eso te has tirado hoy al mar. 

Águeda No es que me he tirado al mar Es que me 
he caido: ¡ y de cabeza! (Bie animándose.) 

Móll. ¿Y había mucho fondo? 

Águeda ¡Ya lo creol [Más de diez brazas! ¡Y qué bien 
se estaba allá adentro! Se veían las luces de 
la barca de un verde madre-perla. ¡Qué her- 
moso! ¡Parecía un sueño! Probad vosotras á 
zambulliros un día, veréis que gusto da (xo: 

das dicen que no.) 

Luisa ¿Y si nos quedábamos abajo? 

Águeda ^Con entusiasmo.) Para salir no tienes más que 
dar un porrazo en el fondo, con el pié; abres 
los brazos ¡y arriba! (roncentrada.) Ahora, para 
no salir nunca más, juntas los brazos y los 
aprietas mucho sobre el pecho. ¿SabeáPComo 
si te hallases sola en el mundo y fueras á 
despedirte, y no teniendo á nadie á quien 
abrazar, te abrazases muy fuerte á tí misma. 
Lo que es de este modo no volvías nunca 
arriba... nunca más... nunca más... (se lo va 

diciendo á unas y á otras, que se van quedando tristes.) 
FlL. ¡A Veces dices unas COsas!... (Águeda cambia de 

tono y da una carcajada.) 

Luisa ¡Vaya! Que no queremos estar tristes. 

Rufo ¿Pero cómo ha sido? 

Águeda (va serenándose poco á poco.) Pues, al caer la 
media noche, Baltasar, que hacía de patrón 
me agarró por un brazo y me dijo: «Ahora 
empieza tu gran día; vamos á ver cómo te 
luces con el harpón.» Porque esta noche he- 
mos pescado con harpón. Y yo le dige: 
«¿Que cómo me luzco? Ahora lo veréis.» Con- 
que me puse en pie en la proa, me agarré al 
hierro, me santigüé y miré hacia abajo, hacia 
el fondo del mar. Todo estaba en calma; ni 
un soplo de viento; el mar llano, llano, que 
parecía que se podía andar por encima, pues 
no pa6Ó ni el tiempo que se necesita para 
decir un Padrenuestro, cuando veo venir 
por el haz del agua, coleando como una se- 



— 22 — 

ñorona y muy contenta, una sorella. Echo 
el arpón, lo recojo, y la sorella clavada. (Kíe.) 
Ojo alerta otra vez y á callarse, que ahora 
viene un retrero más panzudo y presumido 
que el señor notario. El arpón .. ras... enme- 
dio de la espalda... y al canasto. (Exaltándose 
y muy alegre.) Al cabo de un rato suben arri- 
ba dos pececillos muy juguetones y muy 
alegres, que tan pronto eran de pla'ta como 
de oro; muy juntitos, tan juntitas las cabe- 
zas que no parecía sino que se decían cosas 
bonitas al oído. ¡Vamos, que se enamora- 
ban! Conque yo, poco á poco, retiré el arpón 
para que los pobrecillos no se asustasen, y 
me puse á pensar que el más pequeñito era 
Águeda, y que el otro... como si dijéramos, el 
hombre que se reía satisfecho, era. T . (Riendo.) 

Fil. (Riendo.) ¿Quién era el otro? 

Águeda ¿El otro? El otro era el muchacho que al- 
gún día ha de quererme. (¡Pues no!) 

LüISA ¿A ti? (Todas ríen.) 

Águeda A mí, a mí. ¿Qué os figuráis, que nunca ha- 
brá nadie que me quiera? (Acalorándose.) ¿Qué 
mal he hecho yo para que todo el mundo 
me aborrezca? ¿Es porque no he nacido en- 
tre vosotras? ¿Porque no sabéis de dónde he 
venido? Pues habré venido como vosotras, 
de arriba, digo yo que del cielo. 

Luisa Pero nuestros padres no eran herejes. (Hu- 

yendo.) 

ÁGUEDA (Corriendo tras ella y agarrándola.) jRemaldita! 

¿Qué tienes que decir de mis padres, remal- 
dita? ¡A mis padres no tienes que mentarlos 

nunca más! (Luisa quiere replicar.) ¡Como lle- 
gues á mentarlos, te mato, te mato!... 

Móll. ¿Qué tienes tú que pegar á Luisa, grandísi- 
ma loca? 

Águeda jA ella y á ti y á todo el mundo! (Arroja el 

arpón contra Mollera; pero no le toca.) 

Cat. (saliendo de la casa.) Pero, ¿qué vas á hacer, 

Águeda? (Entre todos la contienen.) 

Águeda ¿Qué pensáis? ¿Que á mí me importa algo 
la sangre? Yo estoy acostumbrada á ver san- 
gre (Todos procuran calmarla.) 



— 23 — 



Balt. (saliendo de la casa.) ¿Qué es esto, buenas pie- 

zas? ¿Quisisteis enfadar á Águeda? 

Cat. (calmando á Águeda .) Vaya, se acabó todo. 

Balt. (Bromeando.) Ya lo sabes, Águeda: yo soy tu 

novio y tú eres mi novia, que á mí no se 
me da nada que bayas venido de Levante ó 
que hayas venido de Poniente. Y un día lo 
explicó muy bien el señor párroco, que 
cuando nacemos todos somos moros. De 
manera que el día que te quieras casar con- 
migo, en seguida nos echan las amonesta- 
ciones, y todas juntas, para acabar pronto. 
Usted sí que me quiere. 
Igual que todos, mujer. 
¡Claro está! 

¿De veras? (Mirando en torno y tranquilizándose. 
Baltasar habla con los demás, defendiendo á Águeda.) 
[Claro que SÍ! (Entrando en la casa.) 
¿Para alegrar á Águeda.) Yo pienso que aquel 

pez enamorado era yo. 

(Riendo.) No me haga usted reir. 

¿Y cómo acabó aquello?... ¿Cómo acabaron 

los dos peces? (Todos insisten para que lo acabe de 
contar.) 

Pues acabó de este modo. Vino á perseguir- 
los otro pez muy grande, todo él como un 
erizo, y ya abda la boca para tragarlos, 
cuando yo levanté el arpón y ¡zas!, se lo 
tiré, pero con tanto coraje, que tras el arpón 
me fui al mar. ¡Maldito sea! (Riendo.) Pues 
habéis de creerme; tan contenta estaba, que 
ni me daba cuenta de que el agua me iba 
tragando, no pensaba sino que el erizo, el 
ladrón, el asesino, estaba bien muerto, (con 
fiereza.) Pero, entretanto, yo empezaba á tra- 
gar agua. Conque, ya lo sabéis todo: se sal- 
varon los enamorados; al pez grande se lo 
comerá algún señorón esta noche; y yo subí 
arriba, me agarré á un remo que me tendió 
Baltasar, y aquí me tenéis sana y buena, y 
secándome la ropa. 

Luisa ¡Ahí viene Marional ¡Y qué cara tan enfada- 

da trae! 

Cat. ¡Será que le habrá reñido su tío. 



Águeda 
Balt. 

Rufo 
Águeda 

Cat. 
Balt. 

Águeda 
Rufo 



Águeda 



ESCENA VIII 

ÁGUEDA, CATALINA, LUISA, FILOMENA, BALTASAE, GREGO- 
RIO, MOLLERA, RUFO, MOZOS y MOZAS y MARIONA 



Ma^. 

Águeda 



Mar. 
Cat. 

Mar. 



Luisa 
Cat. 
Aglfd \ 
Mar. 



Fil. 

Mar. 

Luisa 

Cat. 

Águeda 

Balt. 

Cat. 

Moll. 

Luisa 

Águeda 

Mar. 

Águeda 
Balt . 
Águeda 



Balt 



¿Aún estáis aquí? ¡Si va á empezar la misa! 
Sí, allá vamos, Mariona. Pero, ven acá, que 
te quiero dar un beso. Y este sí que vale por 
un millón de besos. A ti sí que te quiero. 
Sí, mujer. Pero vamos á la misa. 

(Saliendo de la casa.) VamOS allá. 

(a catalina.) Te estoy muy agradecida, mujer; 
y á estas no se diga, (a Luisa y Filomena.) Bue- 
na Je babeis puesto entre todas la cabeza al 
tío. 

(Disimulando.) ¿Nosotras? 

(a Mariona.) Tú se la habrás puesto. 
¿Qué te han hecho esas? 
Pues que se meten en lo que no les impor- 
ta. (Ellas se hacen las sorprendidas.) Y todo por- 
que el tío quiere hacerme rica, y ellas que- 
man que fuese tan pobre como ellas. 
Como que te va á desheredar si sigues... 
¿Qué es importa á vosotras, bachilleras? 
¿A nosotras nos llamas bachilleras? 
Dejadla, (a Gregorio.) Vamonos. 
No te enfades, Mariona. (se oye tocar á misa.) 
¡Que empieza la misal ¡Águeda, que ya es 
hora! 
Vamos. 
Vamos, Luisa. 

(Apartándose.) Contigo no. (Van saliendo.) 

Vamos, pobrecita Mariona, vamos. 

Ya os alcanzaré, que antes tengo que subir 

á casa. 

Pues dame otro beeo. No tardes. 

Águeda, en marcha. (Ya han salido los demás.) 

(Cogiendo por la cintura á Baltasar y saltando.) Kn 

marcha, abuelo. ¡Pobrecita Mariona! ¿Ver- 
dad? 
Que me vas á tirar, mujer. 



- m - 

Águeda Todos contra ella, ¿verdad? 

Balt. Sí, sí; pero no saltes. (Riendo.) No saltes... no 

saltes. (Salen de escena, pero todavía se les oye.) 



ESCENA IX 



MAMONA, después TOMÁS PEDRO 



M\R . (lía subido media escalera y vuelve á bajar.) [Gracias 

á Dios que se han ido! ¡Qué miedo tenía que 
¡<e encontrasen con Tornas Pedro' Ahora 
que venga pronto. Ya eatá aquí. 

To.MÁ-i (Por el último término de la derecha.) ¡Sí, mucha 

alegría! Pero, verás, chica: siempre no puedo 
estar á tu lado, porque no puede ser. (Riendo.) 

Mar. Pasan cosas muy malas, Tomás Pedro. Que 

no sé cómo te lo diga. 

Tomás Lo más malo que pudiera suceder es que no 

nos quisiéramos, que en queriéndonos, ¿qué 
nos puede pasar? Y ya sabes tú si yo te 
quiero. ¡Vaya si te quiero! ¡Si es una locura, 
créelo! Y tú te tienes la culpa, porque eres 
más guapa que una gloria. Y con ese aiiey 
ese garbo, no hay mujer como tú ni en este 
mundo ni en el otro. Quiero decir, en las 
Améiicas. 

Mar. ¡Bien haces en decirme esas cosas, que bas- 

tante las necesito! Tengo un coraje y una 
pena, que no sé qué Jes haría á esos que se 
meten con nosotros. ¿Qué les importa a ellos 
que nos queramos? ¿Verdad, Tomás Pedro? 

Tomás A ellos... nada les importa. Es claro, nada. 
Pero, vamos á ver, ¿de qué me estás ha- 
blando? 

Mar. Pues al tío le han ido con el cuento de que 

nos queremos. Y se ha puesto hecho una 
furia. Mira, ha dicho que si me vuelve á ver 
hablando contigo, me deshereda. 

Tomás ¿Y por eso te apuras? ¡Déjalo! Nosotros se- 
guiremos queriéndonos como si nada suce- 
diere. Yo estoy acostumbrado á esas cosas. 
¡Mira tú! ¿Quién gobierna á eso que teñe- 



— 16 — 

inos aquí dentro? (por el corazón.) ¿A ver el 
tuyo? 
Mar. Es que te digo que quiere desheredarme, y 

que se lo dejará todo á los demás parientes. 
Tomás Asá me gusta. Ahora sí que vamos bien. 

Cuanto más me llevan la contraria, más me 
entusiasmo yo. Mira: una vez... (Riendo.). 

Mar. Es que tú no sabes que es muy rico. 

Tomás ¿Y qué hemos de hacer nosotros de su di- 

nero? Lo que ahora debíamos hacer, es es- 
caparnos, Mariona. Si tú quieres en seguida 
esta hpcho. A mí no me asusta eso de robar 
una chica. 

Mar. ¡Ah! Eso no. 

Tomás ¿Por lo que van á decir en el pueblo? ¿Por 

el disgusto que le vas á dar al viejo? ¿Es 
por * so? 

Mar. No es por nada de eso: que yo sé que mu- 

chas se consumirían de envidia. Tú verás: 
si en vez de ser mi tío fuese mi padre, ya 
estábamos escapándonos, pero no siendo 
más que mí tío... si se muere... ¿cómo quedo 
yo?... Ya ves tú... nada. 

Tomás Pues tú tira por donde quieras, que yo no 

te dejo. 

Mar. Eso, claro que no. 

Tomás Ahora es cuando tengo más empeño en que- 

rerte. Hemos de hacer que la gente hable 
de nosotros: pero mucho. Y por todas par- 
tes he de seguirte y en donde te encuen- 
tre... contigo. 

Mar. ¡Por el amor de Dios, Tomás Pedro! Eso no 

nos conviene. Al contrario: hay que hacer 
ver que nunca hemos tenido amores tú y 
yo. Hay que disimular nuestro cariño, ¿com- 
prendes? 

Tomás ¿Y cómo hemos de hablarnos? ¿Y dónde 
hemos de vernos? 

Mar. Nos veremos muchas veces; nos veremos 

siempre. ¿Lo estás oyendo? 

Tomás ¿Y cómo entro yo en tu casa, si tu tío quie- 

re echarme por las escaleras? 

Mar. Cuando se le quite la idea de que tenemos 

amores, pcdrás entrar como antes. 



— 27 — 

Tomás ¿Y si les hiciésemos creer una cosa? 

Mar. ¿Qué cosa? 

Tomas ¿Y si le hiciésemos creer que enamoraba á 
otra? 

Mar. ¡Pues no dices nada! 

Tomas jPues también van á creer que no enamoro 

á ninguna sabiendo como soy! 

Mar. No me gusta eso. ¡Vaya, que no me gusta! 

Porque, mira: para que la gente lo creyese, 
tendrías que bromear con ella... con la que 
fuese. 

Tomás ¡Bueno! Bromear; y reir, y pasar por delan- 

te de su casa; y decirle cosas... pero no como 
contigo. 

Mar. Anda, anda. De ningún modo, que ella se 

lo creerá, la muy bestia: y yo me moriría 
de celos, porque soy muy celosa de tanto 
como te quiero. 

Tomás Mucho me quieres y piensas más en el di- 

nero del tío que en mí. 

Mar. ¿Y con quién habías de fingir amores? ¿A 

ver, con quién? 

Tomás Eso habría que pensarlo. 

Mar. Ya sé una... Esa*nos conviene: la hija de 

Antón el sastre. 

Tomás Pero ¿quién te has figurado que soy yo? 

¡La hija de Antón! Pues si mira .desparra- 
mado y es negrucha y se le ha perdido la 
cuenta de los años. 

Mar. Por tu gusto la cogerías guapa. 

Tomás ¡Parece mentira que aun hombre como yo 

le vengas con fantasmones! Mariona, me has 
ofendido. 

Mar . Pues tiene que ser con ella. Con ella, y con 

ella. 

Tomás ¿Y qué adelantamos con eso? Sobre que yo 
no le podría fingir cariño, tampoco podría 
verte á tí. 

Mar. Eso es verdad. ¡Ay qué angustia! Se va á 

acabar la mii»a y va á volver el tío. 

Tomás Si fuese una que viviese cerca de tu casa... 

Mar. Ya sé una. No hablemos más. 

Tomás ¿Quién? 

Mal(. Ya está resuelto. Una que vive en mi mis- 



— 28 — 

» 

ma casa: Águeda. Atiende: al tío, tanto se 
le importa de Águeda como si no se le im- 
p ortase nada; porque los que la recogieron 
fueron mis padres. Pues se le hace creer al 
tío que tú has venido á casa por ella; y que 
si me hablabas era por ella. 

Tomás ¡Pero, mujer' Si Águeda es de lo más po- 

bretón del pueblo; si le cuelgan los pingajos; 
si es, como si dejáramos, una criada. 

Mar. Pues hijo, no es bizca ni es vieja. 

Tomás Eso no. Pero, créeme, rebaja mucho el ena- 
morar á esa indigente. Una persona se des- 
acredita, y después... 

Mar. Pues me gusta que no la quieras; y para 

nuestro ca-o, ni pintada; Y cuando vengas 
á casa no te echarán por las escaleras, por- 
que yo os protegeré. 

Tomás ¡i ero si no van á creerlo! 

Mar. Haz tú de modo que lo crean. 

Tomás Es que Águeda, como es tan aborrecida, por 
eso que dicen que tiene sangre de hereje... 
vamos, no sé cómo te lo explique... me da 
una cosa muy rara cuando tropiezo con ella, 
¿estás? ,; 

Mar. ¡Pero como todo ha de ser mentira! Como 

ni la has de enamorar de veras ni te has de 
casar con ella... 

Tomás No quiero decir eso: quiero decir que hasta 
me dará lástima que se lo llegue á creer. 

Mar. (Burlándose.) Anda, anda, después de haber 

engañado á tantas, ahora vas á tener lástima 
de Águeda. 

Tomás Yo no engañé á ninguna. Cuando les dije 
que las quería, las quería. 

Mar. Mira, ya vuelven. Quedamos en que vas á 

festejar á Águeda, ¿verdad? 

Tomás Haré lo posible, ya que te empeñas. 

Mar. Pues anda, empieza, empieza. Yo me voy á 

casa, para que no me encuentren contigo. 
[Ahí Toma el dinero y se lo das tú mismo á 

los pobres. (El toma el dinero.) 

Tomás ¡Te quiero más que á la gloria! 

Mar. ¡Ay, lo que me van á decir porque no he ido 

a misal ¡AdiÓS, Cariño! (Subiendo la escalera.) 

(Parece mentira que no atinase con Águeda.) 



— 29 - 

Tomás Hacerles creer que la quiero, sin quererla, y 
engañar á esa pobre... Si la quisiese, bueno; 
pero sin quererla... no es para mi temple... 



ESCENA X 

TOMÁS PEDRO, ÁGUEDA, CATALINA, LUISA, FILOMENA, BAL- 
TASAR, GREGORIO, RUFO, MÓLLEKA y otros hombres y mujeres. 
Vienen por el primero y segundo término de la derecha 



Fil. No paséis delante vosotros. 

Luisa Es que está aquí Tomás Pedro. 

Rufo No parece si no que nos falta tiempo. 

MÓLL. | Ya está aquí esel (Por Tomás Pedro ) 

Cat. No hay que tener prisa, que el almuerzo no 

se acaba, y para todos habrá. Parece el año 
del hambre. 

Greg. Vamos á despachar, Catalina. Yo te ayu- 

daré. 

Cat. Sí, hijo, SÍ ; Corre (Tomás Pedro en el foro y á la 

derecha reparte, dinero á los pobres, que están forman- 
do grupo, y que se retiran sin avanzar hasta la escena.) 

BaLT. (Entrando con otros hombres y mujeres.) ¡Parece 

mentira que estas arrastradas y estos zánga- 
nos dejen sola á Águeda! 

CAT. (Arreglando el almuerzo.) La juventud... ya Se 

sabe... 
GREG. ¿Y Águeda, no es joven? (Águeda entra la últi- 

ma, sola y con la cabeza baja.) 

Balt. ¡Águeda, estoy más contento!... Y por ti es- 

toy contento, por ti. (Queriendo alegrarla.) ¿Qué 

tienes? ¿Estás triste? 

Águeda ¡Yo triste! No, "hombre, estoy muy alegre. 
¿Pues no ves cómo me río? (secándose ios ojos.) 
(¡Es que me añoro! ¡Toda yo me añoro!) 

Tomás (a ios pobres.) ¡Bueno! Ya os podéis ir. Miren 

todos: vacía. (Enseñando la bolsa á los marineros.) 

Greg. Ya sé lo que has hecho, Tomás Pedro, que 

me lo ha dicho Catalina. ¡Eso sí que está 
bien! 

TOMÁS Han venido justes. (Cogiéndole por el cuello en 

broma.) ¿Pues qué te figurabas tú de mí? 



— 30 — 

Cat. Gregorio, ¿no me ayudas? Toma, Águeda; el 

mejor plato para ti, que por ti ae hace la 
fiesta. 

Águeda No, dáselo á Mariona. 

Cat. (Mirando alrededor.) ¿No está aquí Mariona? 

Águeda No. Y tampoco estuvo en la misa. (Tomando 

el plato Catalina sigue repartiendo platos con el al- 
muerzo ayudada por Gregorio.) 

Luisa (a Tomás Pedro ) Oiga usted, señor personaje: 

ya estará contenta Mariona con tanta limos- 
na como se ha repartido. 

Tomás Los pobres son los que están contentos. 

Luisa Mariona, ella, ella. 

MoLL. (A Luisa.) Anda, tú (Dándole un golpe, para que no 

hable con Tomás Pedro.) Y más contenta que 

todas. 
TOMÁS (indiferente.) ¡Ah! Ella sí. 

Rufo Águeda, dale las gracias á Tomás Pedro, 

que les ha dado á los pobres mucha limosna 

por ti. 
Águeda ¿Tú has darlo por mí limosna á los pobres? 
Tomás ¿Qué, te pesa? 

Águeda ¿A mí? No... Miren, ¿por qué me había de 

pesar? 
Tomás (Aparte.) (Me parece que esta mucnacha es 

mu) 7 bestia y muy zafia.) 
Cat. Ten, Águeda, alcánzale tú este plato á Tomás 

, Pedro. 
Águeda ¿Yo? 

Cat. Sí, tú, mujer; á ti te toca. (Casi todos se han sen- 

tado ya en diferentes sitios de la escena.) 

Águeda (De mala gana.) Bueno.. (Aparte.) (Ya podía lle- 
várselo ella misma, (a Tomás Pedro.) Toma tu 
almuerzo. • 

Tomás Yo almorcé ya. 

Águeda ¡Ah! ¿Almoizaste? ¿Y qué hago yo ahora de 

este plato? ¿Quién lo quiere? (Todos dicen que 
ya tienen su almuerzo. Volviéndolo á ofrecer á Tomás 

Pedro ) ¡Toma! 
Tomás ¿Pero he de almorzar á la fuerza? (con cierta 

sequedad) Quédatelo tú, mujer. 
Águeda Yo tengo ya el mío. (volviéndoselo á ofrecer; él 

no lo acepta.) Si no lo tomas, lo tiro. 



— 31 



Cat. 
Tomás 
Águeda 
Gbeg. 

Tomás 

Águeda 

Luisa 
Tomás 



Cat. 

Tomás 

Balt. 

Tomás 
Águeda 

Tomas 



Balt. 



Águeda 



Luisa 
Balt. 



No, tirarlo DO. (Todos dicen que no ) 

Ea, dámelo. 

(Riendo con desprecio.) |Qué fino eres! 

Pues no te ha disho nada: que no tienes 

Crianza. (Catalina se ríe ) 

¿Es que te dije algo malo? (Va con el plato en 

la mano hasta donde está Águeda.) 

Nada de eso. ¡Pues si me has echado unas 
cuantas flores! 

(a ios otros.) Eso es llamarle grosero. 
(a las muchachas.) [Eh, vosotras, que yo no le 
falto nunca á nadie! Eso vosotras, que no 
habéis salido de estas playas. Yo tengo mun- 
do y me he tratado cod personas de posi- 
ción 

¡Buenas serán esas personas! 
Me he tratado con gente... vamos al decir... 
como tú... 
¡Vaya, á comer todo el mundo, y nada más! 

(Enfadado.) La Culpa la tiene ésti. (Por Águeda. ) 

Eso es. Yo tendré la culpa de todo, como 

siempre. 

Pues tú la tienes, que á ti no te dije yo nada 

de malo, } T tú me saliste al encuentro con la 

excusa del plato, diciendo si yo era fino ó si 

110 era fino. (Águeda se enfada.) 

Alto, chiquillo, que la moza hizo lo que de- 
bía Te estaba agradecida por lo de las li- 
mosnas, porque hoy para ella es un día de 
fiesta, porque en tal día lo perdió todo y lo 
encontró todo, que ha^ta se encontró con 
Dios Nuestro Señor. Vamos, que fué como 
un milagro. Conque ella, muy agradecida, 
te llevaba el plato; y ya se ha visto cómo la 
recibiste. 

No. Que no. Que yo hice mal, hice mal en 
todo, y en acercarme á él; y yo tengo la cul- 
pa: por el plato, por llevar el plato Conque 
toma el plato... toma, 3^a está. (Tira, llorando, 

el plato de Tomás Pedro, que estará en una piedra, al 
lado de éste. Todos gritan.) 
Pues el plato lo paga. (Todas ríen.) 

Aquí nadie se ríe. ¡Silencio! ¡Digo que silen- 
cio! (imponiéndose.) 



— 32 — 

Águeda (Llorando enfadada.) Ya no quiero comer más; 
divertios vosotros; á mí que me dejen estar. 

CaT. (Se dirige hacia Águeda, pero Gregorio la detiene.) ¡Es 

que esa moza tiene un genio! 

BaLT. ¿Es que no tiene razón? (Tomás Pedro se ha que- 

dado delante de Águeda, mirándola atentamente, y 
mueve la cabeza sorprendido y sonriendo.) 

Tomás (Aparte.) (¡Es mucha moza esta! ¡Parece un 
cohete! ¡Fú!... ¡Fú!... ¡Fu!... ¡Puml... ¡Vaya un 
genio!) 

BaLT. (Acercándose á Tomás Pedro.) ¡VamOS, hombre, 

déjala estar! ¿No ves que no tiene á nadie en 
el mundo? ¡Pobrecilla! ¡Pues buen día esco- 
giste para darle ese enfado! Digo que no tie- 
nes entrañas 

TOMÁS Más que USted. (Mira de pies á cabeza á Baltasar, 

que se vuelve para hablar con los otros, y después se 
dirige á "gueda con cariño.) ¡Águeda! 

Balt. Te digo que la dejes. 

Tomás ¡Águeda! (Ella no contesta.) ¿Me quieres escu- 

char? 'Águeda huye corriendo. El corre tras ella y 
la alcanza ) .No quiero que te escapes. 

Águeda Déjame estar. 

Tomás Aguarda un poco. 

ÁGUEDA No, no. (luchando los dos.) 

Tomás Qriero que me oigas, mujer. (La gente se ha. 

ido fijando en ellos.) 

Lüis\ Me figuro que se arañan. (Todos ríen.) 

Móll. Tomás Pedro, que te va á embrujar, que es 

hereje. 

ÁGUEDA (Apartando rabiosa á Tomás Pedro.) ¿Quién habla 

de mí? ¿Quién me llama bruja? ¿Quién me 
llama hereje? Un hombre ha sido. ¿Dónde 

está? (Baltasar trata de poner orden ) 

Móll. (Riendo.) Pues yo he sido. ¿Qué tenemos con 

eso? 

LOMAS (Apartando á Águeda, que queda sujeta por Baltasar.) 

Tenemos... que ahora tienes que encararte 
conmigo. Anda, valiente, vuélveselo á decir, 
si te atreves. 
Móll. Es que... 

lOMÁS (Haciéndole levantar del suelo á la fuerza.) [Alza: 

Levántate, hombre, y á ver como vuelves á 
decirlo, valiente. 



— 33 - 



Balt. 



Águeda 

MÓLL. 
FlL. 

Greg. 



Águeda 



TOMAS 



Fu.. 
Rufo 

Luisa 

Fil. 

Rufo 

Balt. 



Vamos, Tomás Pedro, se acabaron las cues- 
tienes, (a Moliera.) Tú á tu sitio, y á sentarse 
todo el mundo. Y á ésta, se la respeta y se 
la quiere. Habéis de saberlo; no llega un 
soplo de viento ni una ola á la playa que no 
la mande Dios Nuestro Señor. Pues yo digo 
que cuando él nos mandó á Águeda, él sa- 
brá por qué. Y pudiera ser que nos la man- 
dase para que abriéndole á esta criatura el 
pecho al cariño, le abriésemos las puertas 
del cielo, que cerradas las tenía la pobreci- 
11a. Conque yo, en nombre de todo el pue- 
blo y en memoria de aquellos compañeros 
míos que la recogimos y que ya están casi 
todos bajo tierra, voy á dar un abrazo á la 
pobre Águeda, y voy á darle un beso. Sí... 
sí... ten... ten... todos te queremos; todos, hi- 
jita; porque eres diestra hijita... y mía... 

(i. lora.) 

(Abrazándose á él.) ¡Qué bueno es el abuelo, 

qué buenol 

Nosotros no lo declames por nada malo. 

Claro que no. 

Pues acabemos de almorzar, que va siendo 

tiempo de Salir á pesca. ( Águeda va recogiendo 
disimuladamente y dejándolos en el suelo cerca de ella, 
los pedazos del. plato con la comida y el pan.j 

(Aparte.) ¡Lástima de almuerzo! Y puede ser 
que é!, por último, se lo hubiese comido. 

(Mirando disimuladamente á Tomás Pedro.) Pues 

aun se podría aprovechar. 
(Aparte.) Esta moza, lo que ahora tendría que 
hacer es darme de su almuerzo. (Da un paso 
para ir á hablarla.) Pero, ¡cal ¡si tiene un genia- 
zo! ¡si es áspera como el esparto! (En un grupo 

empieza una disputa.) 

Te digo que parecía muerta. 

Dormida. 

Pues á mí me ha dicho mi padre que la 

trajo una ola. 

Te digo que no. (Hablan todos á la vez.) 

Baltasar. ¿No es verdad que á Águeda la 

arrojó á la arena una ola muy grande? 

Yo te diré cómo fué. Fué, que toda la no- 

3 



- 34 — 

che el viento de mar estuvo rebatiendo con- 
tra el pueblo y arrojando por encima de las 
rocas mucha agua; olas como montañas. Y 
á la luz de las estrellas, vimos cerca, muy 
cerca, un barco en peligro, que tan pronto 
parecía colgado en el aire como hundido en 
el fondo. De pronto el barco se acercó de 
prisa, y. tanto se acercó, que hasta vimos 
gente á bordo. Pues cuando estuvo muy 
cerca, dio de repente una vuelta en redon- 
do: después se torció hasta volverse del 
todo; le cubrió una ola, y ya no se le vio 
más. Y figuraos qué angustia y qué pena; 
porque nosotros no podíamos hacer nada 
por aquellos infelices. 

Luisa ¿Y Águeda estaba en el barco? 

Rufo ¿Y cómo fué que se saVó? 

Fil. ¿ Y tú te acuerdas, Águeda? 

Águeda ;Sí! Yo creo que cada día me acuerdo más. 

Balt. Pues se salvó porque... 

Tomás No, usted, no; e'la, que lo diga ella. (Todos le 

piden lo mismo.) 

Balt. ¡Bueno! Pues cuéntalo tú. 

Águeda ¿Yo? Es que no me gusta hablar de eso á 
todo el mundo... 

Tomás Si tanto te pesa .. 

Águeda ¡No! Eso, no: que te lo voy á costar. Cuando 
pienso en ello, me encuentro con que un 
día, era yo muy pequeñita, y que estaba 
echada en la falda de una mujer: mi ma- 
dre, (ron orgullo, mirando á todos.) PorqUB yo 
digo que era mi madre, y me apretaba mu- 
cho entre sus brazos, llorando y besándome, 
y no me mecía: ella no me mecía; pero co- 
mo si las dos estuviésemos dentro de una 
cuna muy grande, muy grande, todo se tor- 
cía á un lado, y se volvía á levantar con 
nosotras, y se torcía del otro lado. De pron- 
to, vi saür por detrás de mi madre la cabeza 
de un hombre, con la cara encendida y los 
cabellos de punta, y nos abrazó á las dos, 
fuerte, muy fuerte. En esto, sentí un estré- 
pito muy grande, y gritos, y llantos, y nos 
cayó encima un gran torrente de agua. Todo 



— 35 - 

se volvió negro, y el agua nos llevó consigo, 
unas veces abajo, otras veces arriba, dándo- 
nos muchas vueltas. Y me ahogaba, me 
ahogaba. Pero todavía me acuerdo de algo 
más: y me acuerdo que me encontré balan- 
ceándome sobre el agua, muy tranquila, y 
sin sentir miedo; y al mirar lo qwe había 
encima de mí, en vez de ver los ojos de mi 
madre, veía ojos y más ojos mirándome 
con mucho cariño, como si fuesen los ojos 
de todas las madres del mundo; y después 
he pensado que debían ser las estrellas. Mas 
aun: me creí que estaba tendida sobre una 
falda muy grande, que nunca se acababa, 
como si todas las madres se hubiesen junta- 
do para hacerme una falda. Por eso, porque 
yo no tenía ninguna que me recogiera. Y 
salió el sol, y le tendí los brazos, que entre 
la niebla le tomé por la cara de mi padre. 
Todavía me figuro que me dormí dic'én- 
dole al sol y diciéndole al agua: ¡Padrel 
¡Madre! 
¡Pobrecilla! 

Al despertar, me encontré en esa playa ata- 
da á un madero y rodeada de gente. 
Sí. Así fué. Nosotros éramos, y tú estabas 
atada á un p dazo de barco, que era justa- 
mente el del figurón de proa y que tenía la 
cabeza de un moro: muy bien labrada, que 
propiamente era un moro. 
¿Y qué pasó después? 

Después se echó á reir, porque era muy chi- 
quita y no entendía nada de aquello. Y 
después se echó á llorar, porque á la cuenta 
la dábamos miedo. Y decía unas cosas que 
no entendíamos en una lengua muy rara. 
(Encogiéndose de hombros.) Vaya usted á saber 
de dónde venía yo y cuál era mi tierra. 
Las ropas que llevaba no eran corno las de 
aquí; y en el trozo de barco había así como 
unos letreros; pero yo no sé si eran letras. 
Y por todo eso y por la figura del moro... 
¿No te enfadas, verdad? (Ella dice que no con 
la cabeza.) Pues, por todo eso, pensamos nos- 



— 36 — 

otros, y se ha sacado en limpio, que esta 
criatura había nacido entre moros, y que 
sus padres. . Ya lo he dicho, tenían que ser 
moros por fuerza. 

Tomás Bueno. Pues no se hable más de esto. 

Balt. No, esto ya hay que decirlo: que la hicimo» 

bautizar en seguida; y que disputamos mu- 
cho sobre quién se había de quedar con la 
niña. Por último, formamos una rueda y 
pusimos en medio á Águeda, y que ella se 
fuese con quien quisiera. ¡Ah, buena pieza,. 
que no te viniste con nosotros! 

Águeda Fué por seguir á Mariona, que andaba por 
el corro, y que tendría unos cuantos años 
más que yo. 

Balt. Corriente. Ya te lo perdoné, ya. Pero cuan- 

do murieron los padres de Mariona, en vez. 
de irte con su tío, pudiste venirte á casa. 

Águeda Tenía que separarme de Mariona. Y ya sabe 
usted cuanto la quiero. 

Greg. ¿Y si dejáramos esto y nos fuéramos á la 

barca? ¿Qué te parece, Águeda? 

Águeda Sí, vamos. 

Tomás (a Águeda.) ¿Conque quieres mucho á Ma- 
riona? 

Águeda Mucho. 

Tomás Pues ella... 

Águeda ¿Qué? 

Tomás Nada, (Aparte. ) Que ella no me parece que 

quiere mucho á Águeda. (Entre todos van reco- 
giendo los platos y preparando la embarcación.) 

Águeda Mira, Tomás Pedro: yo no soy nadie, ¿sa- 
bes? Pero soy agradecida; y hay dos cosas 
que las quiero y las querré siempre, porque, 
vamos, son como mi familia. La una... 
(Echándose á reír.) ¿Pero á tí, qué te importa 
de todo esto? No me hagas caso, (corre á co- 
ger el arpón.) 

Tomás (Andando tras eiia.) No: di lo que ibas á decir. 

Águeda (Dándole el arpón.) Pues aguanta antes, que 
tengo que afilar las puntas. Están romas y 
resbalan sobre los pescados y no se clavan. 

(Bajándose al suelo para arreglar la rueda de afilar. )> 

¿Tú no has pescado nunca? 



— 37 — 
No... sí... no lo sé... 

(Levantándose.) Dámelo. (Toma el arpón y acerca 
las puntas á la rueda, moviéndola al mismo tiempo con 
el pie.) 

Anda: diine lo que ibas á decirme antes. 
|Ah, sil Que las dos cosas que más quiero en 
el mundo, son: en primer lugar, la Mariona: 
por ella doy la vida, y después, aquella ca- 
beza de madera, la del moro. En mi cuarto 
la tengo y siempre la miro y cuando tengo 
pena la pido que me consuele. 
¿La cabeza del moro del mascarón de proa? 
La misma. ¡Ya ves tú, do tengo otra cosñ! 
Ella es de otra tierra, de la tierra de donde 
yo he venido; y hasta rezo delante de ella 
como si fuese Nuestro Señor; porque si uno 
ama á Nuestro Señor, uno lo puede repre- 
sentar como quiera. ¡Ea! Que aquella cara la 
veo yo muy herniosa; y cada año, en un día 
como éste, le llevo muchas ñores; y me abra- 
zo á aquella cabeza y le digo bajito: ¡Padre 
mío! (se echa á reir.) Ya puedes reírte; ríete, 
hombre. 
Pues, mira, no me río. 

(Parando la rueda para mirarle fijamente.) ¿No te 

ríes"? ¿Ni me llamas loca? ¿Ni todo eso que 
me dicen por ahí? ¿Qué? ¿No te repugno? 
Al revés. De buena fe te lo digo. 
Pues mira; no estoy acostumbrada á que me 
hablen así. ¿Por qué has dicho al revés? (vuel- 
ven los dos marineros de la barca con las canastas va- 
cías y pasan por el foro.) 

¿Qué? ¿Yo he dicho eso? ¿Al revés? (Aparte.) 
Es la primera vez que me pasa: vamos, que 
no puedo bromear con esa muchacha. 

ESCENA XI 



ÁGUEDA, CATALINA, LUISA, FILOMENA, TOMAS PEDRO, BAL- 
TASAR, GREGORIO, MOLLERA, RUFO, hombres y mujeres y MA- 
PIONA que baja de la casa. 

Móll. Ya viene la Mariona. 

Águeda Ya está aquí. Dame otro abrazo, Mariona. 



* — 38 — 

Hoy es día de mucho contento y no me can- 
so de abrazarte. 

Greg. Arriba, muchachos; á la barca. 

Águeda Voy en seguida. 

Balt. Iza la vela. 

Mar. Que pena me da, Tomás Pedro, no poderte 

hablar siempre que quiera. 

Tomás Sí, mucha pena. Oye, Baltasar, te voy á pe- 
dir un favor: que me dejes ir a pescar en la 
barca. 

Balt. Ven, si quieres. 

Luisa Nosotras también. 

Móll. Eso si que no. 

Águeda Esta barca sí que es para mí, como si fuese 
mi casa. Hala, amarrar la vela. 

Cat. Me parece que Tomás Pedro va por Águeda. 

(A Gregorio.) 
GREG. ¿Y qué nOS importa? ^Se va á embarcar.) 

Tomás (a Mariona.) Ya ves. hago lo que quieres. 

Mar. Haces demasiado. No vayas. 

Cat. (a Mariona.) Me parece que hoy es día de pes- 

car, y por esta mar me parece que ha de ha- 
ber algún pescado grande. 

Mar. Déjame. {Aparte.) Es demasiado lo que hace 

Tomás Pedro. 

Águeda Esperarse, esperarse, que falta otro marine- 
ro: el nuevo. 

Tomás Ya estoy aquí, pero no alcanzo. No se cómo 
subir. 

Águeda Dame la mano; y ahora salta... arriba. (To- 
más Pedro entra en la barca.) 

Móll. . (a los de la barca.) Buena suerte. 

Tomás ¡Eal ¡Con Dios totlos! 

Águeda [Adiós, Mariona! ¡Adiós, Mariona! 

(aI caer el telón, quedan todos en diferentes sitios de 
la escena, despidiendo á la barca que se aleja. Mario- 
na empieza á subir las escaleras de la casa.) 



TELÓN 



@ -^g*Jfe) n -<^.. É 



s'ÁVXSXJZ 



ACTO SEGUNDO 



Sala de casa de Cinquenas. En el foro, puerta grande á la izquierda 
y ventana á la derecha. En la parte exterior de la puerta habrá 
algunos escalones descendiendo: se supone que son de la escalera 
de la fachada. A la derecha de la escena dos puertas y otras dos á 
la izquierda. Aparejos de pesca por las paredes. Es de noche. 



ESCENA PRIMERA 

RUFO, MOLLERA. Al levantarse el telón no están en la escena: se 
presentan después por la puerta grande de la izquierda. 

Móll. No sé en que consiste; pero siempre me pa- 
rece que los sábados es más grande el rosa- 
rio que los demás días. 

Rufo Pues yo sé en qué consiste. 

Móll. Dílo, si sabes. 

Rufo Consiste, en que los sábados tenemos prisa 

por ir á la taberna 

MÓLL. A yer, á Ver CÓmO es eso. (Se queda pensativo.) 

Rufo Como que el amo, Cinquenas, no nos deja 

salir las demás noches, porque dice que á la 
mañana siguiente no hay quien nos saque 
de la cama; cuando llega el sábado ¿com- 
prendes? estamos deseando largarnos. 

Móll. Eso debe ser Lo acertaste. 

Rufo Pues vamos allá. 

Móll. Vamos. 



— 40 — 



ESCENA II 



RUFO, MOLLERA, CATALINA, GREGORIO, vienen por la puerta 
del foro y se les ve subir los últimos escalones. 



Cat. 

Rufo 

Greg. 

Móll. 

Cat. 

Rufo 
Cat. 

Rufo 
Cat. 

Rufo 



Cat. 

Greg. 
Móll. 



Greg. 
Cat. 

Móll. 

Cat. 
Greg. 
Rufo 
Cat. 



¿Habéis cenado ya? 

No hace mucho que acabamos. 

¿Y Cinquenas, no sale? » 

Le avilaré. (Sale por la pnerta grande de la iz- 
quierda.) 

Vamos á ver, Rufo, ¿qué me dices de Águe- 
da? 

Todavía no ha vuelto de la pesca., 
No: si lo que quiero decir es que, qué tal le 
va con Tomás Pedro. 
Tomás Pedro viene todos los días. 
Pues es raro que Cinquenas le deje entrar en 
ca B a. 

Sí que lo es. Pero dice Mariona que Tomás 
Pedro le hace creer á Cinquenas que le va á 
comprar un falucho. Y como al viejo no le 
importa nada de Águeda, con el anzuelo de 
Águeda, quiere atraer á Tomás Pedro para 
venderle el falucho lo más caro que pueda. 
Y Tomás Pedro, con la excusa del falucho, 
enamora á Águeda. De modo que Águeda y 
Tomás Pedro, y Cinquenas y el falucho... 
Basta hombre, basta. 
Pues yo no lo he entendido del todo. 
(volviendo.) Dice que tardará en salir, porque 
está leposando la cena; y que si queréis vol- 
ver luego, volvéis. 
Oye tú, ¿qué hacemos? 
Yaque hemos venido nos esperaremos. ¿No 
está la Mariona? 

Ya se lo he dicho, ya, que erais vosotros; y 
me respondió que bueno. 
Que ariscota es esa chica. 
¿Y ámí qué?... 
lEa! Nosotros nos vamos. 
¡ AJh! Esperad un poco; esperad. Según vos- 
otros, ¿hace mucho que empezó el noviazgo? 



- 41 — 

Rufo ¿El mío con...? 

MÓLL. (Al mismo tiempo.) ¿El de yo, COn...? 

Cat. No. El de Tomás Pedro con Águeda, bobos. 

Rufo La gente cuenta qne desde el día de la misa. 

Cat. (a Gregorio.) ¿Oyes? Hace quince días. 

Greg. (indiferente.) Bueno; pues quince. 

Cat. Es que tú decías que el noviazgo era más 

fresco. 

Greg. ¿Yo dije que era más fresco? 

Rufo Este y yo pensamos que hace más tiempo 

que empezó y que á la cuenta se lo callaban. 

Cat. ¿Y por qué pensáis eso? 

Rufo Porque la Mariona lo dice y ella lo sabe de 

cierto. 

Móll. Oye tú: Tomás Pedro hace mucho que le 

rogaba á la Mariona... vamos, que la ayuda- 
se, porque, como Águeda es tan huraña en 
eso de los noviazgos, quería Tomás Pedro 
que Mariona le ganase la voluntad de Ague- 
4 da. Y nada. Águeda no quería. Como que 
llegamos á pensar que los herejes no tenían 
noviazgos, ¿verdad tú? 

Rufo Mira que Tomás Pedro no quiere que men- 

temos á los herejes. 

Cat. (Enfadada.) ¿Y quién es él para prohibirlo. 

Greg Es que Águeda ya no es hereje. 

Cat. (Enfadada.) Lo tiene en la sangre. 

Móll. Esa es la fija. 

Greg. (a catalina.) ¿Y á tí que te importa eso? 

Rufo (a Moliera.) Sí, sí. Repite la palabra para que 

te vuelva á zurrar. 

Greg. (Riendo.) |Quél ¿Te ha pegado Tomás Pedro? 

Móll. (Pegarme!... Pegarme á mí Tomás Pedro! No 

lo ha hecho más que una vez. 

Rufo ¡Bueno! Con Dios. (Marchándose ) 

Cat. ¿Es que os marcháis ya? 

Móll. Es que nos esperan en la taberna. (Marchán- 

dose también ) 

Greg. (a catalina que íes seguía.) Déjalos en paz, mu- 

jer. 



— 42 — 
ESCENA III 

CATALINA y GREGORIO 

Cat. Lo hacía por tí, bobo, para que abrieses los 

ojos. 

Greg. ¿Y para qué tengo yo que abrir los ojos? 

Cat. Para enterarte de lo que pasa. Que Tomás 

Pedro va á engañar á esa pobre muchacha, 
si no es que ya la tiene engañada. 

Greg. ¡Vuelta! ¿Y á tí que te importa? 

Cat. A mí, nada. Pero es que todo el mundo 

oreía que entraba en la casa por la Mariona. 
Y por ella ha debido ser: que á mí nadie 
me lo saca de la cabeza. Sino que la Mario- 
na es muy lista y se supo sacudir el mos- 
cón; pero la otra pobre, desamparada, como 
nadie le había dicho jamás una palabra de 
cariño, á la primera que oyó se cayó á cua- 
tro patas ¡la muy bestial 

Greg. Lo que yo quisiera es que Cinquenas nos 

rebajase el precio del arrendamiento, ¡ Paga- 
mos mucho por la barcaza! 

Cat. Claro que nos lo debe rebajar. Y es muy 

ju-to: porque ahora tendrá menos gasto en 
la casa. 

Greg. ¿Que tendrá menos gasto? 

Cat. ¡Claro! En marchándose Águeda... ¡pues no 

ves tú que se va á casar con Tomás Pedrol 

(Burlándose.) 

Greg. (Riéndose con bondad) ¡Cuidado que eres pesa- 

da, Catalina! Te doy un porrazo si no callas. 

Cat. (Riéndose,) Sí que da risa, sí. ¿Pero qué quie- 

res que haga? De algo tengo que hablar... y 
en algo tengo que distraerme... Si tuviéra- 
mos hijos... (Como si se enjugase una lágrima.) 

Greg. ¡Claro! Ya podíamos tener alguno: y de ese 

modo no serías ten chismosa. (Riendo y con 

pena al mismo tiempo.) 

Cat. (zalamera.) No me vuelvas á llamar chismo- 

sa, que me da enfado. 



— 43 — 

Greg. ¡Qué contenta te pondrías si supieses una 

cosa! 

Cat. ¿Y qué copa es? 

Greg. ¡Una cosa! Hace días que pensaba si te la 

decía ó no te la decía. Y ahora, con lo que 
me has dicho si tenemos ó no tenemos 
hijos, me has entristecido... Conque anda, 
adivínalo. 

Cat. Dímelo, hermoso. 

Greg. Una cosa de esta casa. 

Cat. ¿De Águeda? 

Greg. Sí. 

Cat. Pues acaba, que me consumo. 

Greg. Es que quiero estar bien seguro. Espera. 

(Corre hacia la ventana y mira hacia abajo.) 

Cat. ¿Qué haces? ¿Qué estás mirando? 

Greg. No cuesta nada. Es seguro; seguro; lo ju- 

raría. 

Cat. ¿Qné es lo que jurarías? (con mucho interés ) 

Greg. Pero también es locura; porque si lo sor- 

prenden... Escucha. (Va á contárselo á Catalina.) 



ESCENA IV 

CATALINA, GREGORIO, LUISA, FILOMENA y otras Mujeres 

Luisa Buenas noches nos dé Dios. 

Cat. (a Gregorio.) Cuenta, cuenta. (Llevándole á un 

lado.) 
FlL. Buenas noches. (Las Mujeres se van agrupando.) 

Greg. (a catalina.) Cuando Ee vayan esas, (se ríe déla 

impaciencia de Catalina.*) 

Cat. (Enfadada.) ¡No me hagas rabiar! 

Greg. (Riendo con bondad.) Es que me gusta que te 

enrabies; para que no seas chismosa. 
Cat. (Resuelta.) Pues ya lo sé. Que de noche Tomás 

Pedro entra por la ventana. 
Greg. ¿Y cómo lo sabes? 

Cat. Porque él es así. Y Águeda es como todas. 

(Queda sentada y muy nerviosa.) 

Luisa {a Gregorio.) ¿Pero es que hoy no nos pagan 

la semana? 



— 44 — 
Greg. Dice Cinquenas, que está muy ocupado. (Las 

Mujeres rodean á Gregorio.) 

Fil. Cuando nos retrasamos en venir á coser las 

velas y á componer las redes, bien se enfada 
el abuelo. Pues ahora que tiene que pagar- 
nos no se da él mucha prisa. 

Greg. (a Filomena.) Bueno, mujer, ya vendrá. 

CaT. Gregorio. (Éste no la ha oído. Ella va á buscarle y 

se lo lleva á un lado.) ¿Y á tí quién te lo ha 

dicho? 

Greg. ¿El qué? 

Cat. Eso de que entra por la ventana. 

Greg. ¿Pero cuándo se te va á acabar la manía? 

Ahora verás. Una noche en que saltó de 
pronto un viento muy fuerte de mar, me 
levanté para asegurar la barca. Y no sé 
cómo se me ocurrió mirar á esta casa. Y en 
aquel momento vi que se metía por esa 
ventana un hombre. 

Cat. ¿Ves cómo ese hombre es un tunante? 

Greg. ¡Eso ya lo sabe todo el mundo' 

Cat. ¡Y ella es una mala mujer! Hay que escar- 

mentar á esas malas personas. 

Greg. Justo. Se lo diremos á Cinquenas. 

Cat. No nos creería. Hay que hacer otra cosa que 

ya la tengo pensada. 

LUISA (Acercándose con Filomena á Catalina.) ¿Y SI 11a- 

másemoá al abuelo? 

CaT. (Apartándose contrariada.) Ya podéis hacer lo 

que os dé lagaña. 

Fil. |Óye, Gregorio! ¿Qué tiene Catalina? 

Greg. E'la lo sabrá. 

Cat. (Riendo.) ¿Qué queréis que tenga? Que me 

ha dado por la pesca: y me parece que la 
noche es buena para pescar con las teas. 

Greg. (Mirando por la ventana.) Pues ahora sube pa- 

dre. Se conoce que hoy no hay trabojo. 

Cat. ¡Si Tomás Pedro viniese esta noche!... Peor 

para ella. Ahora es preciso que me ayude 

Gregorio. (Dice todo esto aparte y riendo nerviosa.) 



45 - 



ESCENA V 

CATALINA, LUISA, FILOMENA, GREGORIO, BALTASAR y otros 
Hombres y Mujeres 

Balt . Santas noches nos dé Dios y San Miguel 

glorioso nos libre de las tentaciones del de- 
monio. 

Cat. ¿Nada más que del demonio ha de librarnos, 

señor suegro? 

Balt. Es que verás, querida nuera; diciendo del 

demonio, allá va todo: el saco y las peras 
que van dentro. ¿Me entiendes? Mentar á 
los demonios es mentar á las mujeres. (Las 
Mujeres se alborotan.) Donde salta el demonio, 
salta la mujer, y donde salta la mujer, salta 
el demonio. 

Greg. ¿Cómo e3 eso, padre? ¿No ha salido hoy la 

barca? 

Balt. El tiempo no está bueno; no está seguro. 

Ya se lo dije á Águeda; sino que ella por su 
gusto siempre estaría en el mar. 

Luisa Ahora más le gusta estar en tierra. 

Balt. La yerras, muchacha. ¿Ves tú, cómo la ye- 

rras? Se emperró en izar la vela, y mar 
adentro se fué con Pablo y el Junco. ¡Buena 
noche pasará ni 

Cat. No la pasarán muy mala. Ya verás cómo 

Águeda vuelve á tierra. ¿Verdad, Gregorio? 

Greg . Puede ser. Pero tú te callas. 

Pil. ¿No habéis reparado que Águeda, desde que 

la festeja Tomás Pedro, presume mucho? 
Yo creo que hasta se lava la cara y hasta se 
peina, por lo menos una vez al día, y está 
muy contenta, y siempre está cantando, y 
se pone flores en la cabeza. 

Luisa Eso de enram irse la cabeza, dicen que es 

cosa de su tierra. 

Cat. Lo tendrá en la sangre. 

Balt. No se hable más de esas cosas. Ya os he di- 

cho que la pobrecilla es como... como cual- 
quiera .. Como tú... (A Catalina.) 



— 46 — 

Greg. No diga usted eso; como Catalina no lo es. 

Balt. ¿Y por qué no, vamos á ver, por qué no? ¡Ya 

estoy harto de murmuraciones! Es una bue- 
na muchacha. 



ESCENA VI 

CATALINA. LUISA, FILOMENA, GREGORIO, BALTASAR, la demás 
gente y MARIONA, que viene por la puerta grande de la izquierda 

Mar. Dice mi tío que no gritéis tanto, que no le 

dejáis reposar la cena. 

Luisa Era Baltasar, que nos reñía. 

Balt. Sois vosotras, que siempre vais á lo mismo. 

Cuando os creíais que Tomás Pedro festeja- 
ba á Mariona, no dejabais en paz á ésta, 
(por Mariona.) Y ahora la habéis tomado con 
% Águeda. 

Mar. Eso quiere decir que á todas les gustarla 

que Tomás Pedro las festejase. 

Balt. ¡Justol ¡Envidia! 

Luisa Ni que me lo pesasen en oro. 

Fil. Antes me quedaría para vestir imágenes. 

Mar . No os apuréis, que uo piensa en vosotras. 

Luisa Ni en ti tampoco 

Mar. Ni piensa en mí, claro. (Riendo disimuladamen- 

te.) Di, tú, Baltasar, ¿dónde está Águeda? 

Balt. En la pesquera. 

Cat. ■ Ya vendrá en seguida, no te apures. 

Luisa ¡Y quién sabe! Fuede que esté con ella To- 

más Pedro, como aquel día. 

Cat. No ha ido. Porque ya veis, la gente tiene 

malos pensamientos y hay malas lenguas. 

(Todos lo aprueban.) 

Balt. ¡H¡so sois vosotras, unas malas lenguas! Y 

Catalina la primera. 
Cat. ¿Yo? 

Balt. Sí, tú y todas. ¿Qué tiene de particular que 

UU mOZO festeje á Una moza? (Todas se burlan.) 

Cat. (Enfadada.) Pues muchas cosas y muy feas .. 

Balt. ¿Lo estás viendo? Por decir las cosas á me- 

dias se pierde una pobre chica. (Ríen las demás, 
y él se enfada.) Pues eso es pecado mortal. 



. -47 - 

Mar. (á Gregorio, que se ríe con la Catalina.) ¿Qué in- 

tención lleva la Catalina? 

Cat. (a Hartona.) Cuando llegue la hora de saber- 

se, todo se sabrá. 

Mar. (celosa.) Habla ahora, mujer. 

Balt. (Enfadado.) Sí, ahora. ¡Mal ravo nos parta! Si 

no hablas, voy á hacer un disparate. 

Greg. No, padre. Ella tiene razón en lo que dice, 

vaya. 

Mar. Pues ahora me meto yo, y soy la que te digo 

que eres una embustera. 

Cat. ¿Me llamas embustera? (Gregorio trata de con- 

tener á Catalina.) 

Mar. i)igo que eres una embustera, porque To- 

' más Pedro la quiere no más que por broma. 

Cat. ;No está mala broma! Ahora lo digo todo. 

Tomás Pedro... 
Greg. ¡Cállate, Catalina! 

Cat. (Apartándole.) Digo que Tomás Pedro... 

ESCENA VII 

ÁGUEDA, MARIONA, CATALINA, LUISA, FILOMENA, BALTASAR, 

GREGORIO y otros hombres y mujeres. A Águeda se la oye cantar 

desde lejos 

Águeda «A la vera de la mar...» 

BaLT . Es Águeda (Haciendo callar a Catalina.) 

Mar. (impaciente, a Catalina.) ¡Anda, di, acaba! 

Fil. ¡Águeda viene! 

Greg. ¡Ya está aquí! 

Cat. ¿No lo dije que volvería? 

Balt. Éa, se acabó. 

Luisa ¡Ahora que lo íbamos á saber todo! 

Fil. Ya canta, ya. Debe venir muy contenta, (ei 

canto de Águeda dura hasta que se presente en escena.) 

Mar. (Aparte.) Canta, canta hasta que no puedas 

más... ¿Pues no se ha llegado á creer la muy 
bestia que Tomás Pedro es suyo? 

Balt. Conque ahora todo el mundo á ponerle bue- 

na cara. ¿Lo oís? Buena cara, porque si no... 

(Calla, porque se presenta Águeda con una cesta de 
pescado y muchas flores en la cabeza y en el pecho. 
Va mejor vestida.) 



48 



Águeda 



Balt. 

Cat. 

Balt. 

Águeda 

Luisa 

Balt. 

Águeda 
Balt. 

Águeda 



Mar. 

Águeda 
Cat. 
Balt. 
Águeda 

Balt. 

Águeda 

Cat. 



Águeda 



(Cantando.) 

«A la vera de la mar, 
una doncella...» 

¡Buenas noches! (Parándose en la puerta, sorpren 
dida de ver tanta gente. Después atraviesa la escena, 
volviendo á cantar, basta que desaparece por la puer- 
ta grande de la izquierda.) 

«... un pañuelo está bordando 
para la reina.» 
Sí, mucha alegría trae, mucha, ¿verdad? 

EPO bien claro se ve. (Con intención. Las mucha- 
chas ríen.) 

Con sólo mirarla á la cara, me parece que 
me quitan veinte años, 
(volviendo.) He ido á dejar la cesta. '¿Qué ha- 
céis aquíV (sigue cantando entre dientes.) 
Venimos á cobrar. (Águeda sigue cantando y no- 
lo oye.) 

¿Sabes, Águeda, que te encuentro muy cam- 
biada hace algunos días? 

¿En bien Ó en mal? (Medio bailando de alegré.) 

En bien, mujer; y por bien uta. 

¡Ah, sí! Desde el día en que quise á Tomás 

Pedro. ¿Habéis oído esto que cantaba? Pues 

de Tomás Pedro lo aprendí. Dice que esa 

canción no la había cantado hacía mucho 

tiempo. Desde que era chiquitito v tenía 

madre. Y dice que yo le hacía pensar en su 

madre. (Riendo.) Escucha la canción, Mariona, 

verás qué bonita. 

Quita de ahí, que no me gustan canciones. 

tan viejas. 

¿Y tú, quieres oiría, Catalina? 

Hace mucho tiempo que la conozco. 

¡Cántamela á mí! 

¿No es verdad, Baltasar, que no está celoso 

de Tomás Pedro? 

¿Celoso yo? 

(Riendo.) Como nos íbamos á casar usted y 

yo... (Baltasar ríe.) 

(Riendo también.) Ya le llegará el turno, señor 
suegro, cuando Tomás Pedro la deje. (Todos; 

ríen.) 

¿Cuando me deje á mí Tomás Pedro? 



— 49 -. 

Mar. Sí, hija, sí Y más vale que te vayas acos- 

tumbrando, para que ftu te coja de susto 
cuando llegue ese día. 

Águeda Es que á mí no me dejará nunca Tomás Pe- 
dro. (Risas.) [Nunca! (Enfadándose porque vuelven 
á reír.) ¡Nunca! 

Mar. (sin poder contenerse.) ¿Y por qué no te dejará 

nunca? ¿A ver por qué? 

Águeda ¡Vaya una preguntal ¡Porque me quiere de 
todas veras! Y porque yo le quiero, ¡que no 
pé hasta dónde le quiero! ¡Y porque si me 
dejara, Dios Nuestro Señor le mataría! Por- 
que !e mataría yo, y matándole yo... (cantan- 
do entre dientes ) 

«A la vera de la mar...» 

GrREG. (Le ha estado incitando Catalina para que le pregunte 

lo que sigue.) Y vamos á ver, ¿cuándo os ca- 
sáis? 

Águeda De eso no hablamos nunca. 

Luisa ¡Casarse, casarse!... Los pájaros vuelan muy 

alto. 

Greg. Pues os tendréis que casar por fuerza. 

Balt ¿Ves tú, Águeda? En eso tiene razón Gre- 

gorio. Yo creo que os tenéis que casar. ¿No 
os queréis mucho? Pues listos. 

Águeda Es decir que usted cree que tenemos que 
casarnos en seguida. 

Balt Ya lo creo. 

Águeda (con naturalidad.) Bueno: pues nos casaremos 

eil Seguida. (Todos se echan á reir. Ella también.) 

|Ea! En seguida. 
Mar. Simplona, ¿no ves que se burlan de tí? 

Águeda (Dejando de reir de repente.) ¡Que se burlan de 

mi! 
Luisa Pues hija, que sea enhorabuena. 

Águeda Déjenme en paz. Tan contenta como venía. 

y ya me han puesto de mal humor. Nada, 

que lloraría de buena gana. (Rabiosa.) 

CaT. (Disputando con Baltasar.) ¿No ve USted que esta 

muchacha es una boba? 
Balt. ¡Águeda! Tienes que contármelo todo. Va- 

íucs á ver: ¿cómo empezaron tus amores 

con Tomás Pedro? 
Águeda ¡Cómo empezaron! ¿Y quién sabe eso? Miré 



— 50 — 

usted, Baltasar, cuando estamos en la barca 
y es noche cerrada, ¿puede usted decir en 
qué instante empieza á ser de día? Ni usted 
, ni nadie puede coger el momento en que de 

la sombra se pasa á la luz. Pues así empeza- 
mos á querernos. Y cuando caímos en la 
cuenta, ya era el día claro y el sol estaba 
muy alto, (a las mozas.) ¿Qué? ¿No os ha pa- 
sado eso á vosotras? Yo lo que sé es que 
cuando está cerca de mí Tomas Pedro, no 
es mi Tomás Pedro el que vosotras cono 
ciáis. Como que vosotras conocíais nada 
más que el rosal y yo conozco las rosas. 
Como que él nunca ha querido á nadie más 
que á mí. Como que yo soy la primera. (Las 
mozas se burlan.) Ya podéis burlaros, que él 
no me engaña. Tomás Pedro no me dice á 
á mí mentiras. (Rabiosa.) Con que os digo que 
no me hacéis llorar, que estoy muy conten- 
ta. Y rabiar vosotras, que toda la alegría de 
este mundo es para mí. «A la vera de la 

mar. .» (Sale por la primera puerta de la derecha can- 
tando alegremente, mientras las demás disputan muy 
enfadadas ) 

Greg. Yo no sé como se compone este hombre 

para volverlas locas. 

Cat. Y que cuando las deja no escarmientan. 

Balt. A e-to hay que poner remedio, porque esa 

Criatura no está en sí. ¿Y tú qué dices, Ma- 
ri ona? 

Mar. Que esto se ha de acabar, porque ya es de- 

masiado. 



ESCENA VIH 

CATALINA, MARIONA, LUISA, FILOMENA, BALTASAR, GREGO- 
RIO, y la demás gente. CINQUENAS viene por la puerta grande de 
la izquierda 

Cin. De aquí en adelante, cobráis el domingo 

por la mañana, porque después de cenar no 
quiero tomarme disgustos. 

Luisa ¡Vaya con el hombre! 



— 51 — 

Fil. (a Luisa.) Calla, muchacha 

Cin. Trae la caja del dinero, Mariona. (sale Mario 

na por la puerta grande de la izquierda.) 

Greg. Es que esta y yo, y mi padre, no veníamos 

á cobrar: veníamos á pagar el arrendamien- 
to de la barca. 

Cin. Eso está bien: para cobrar todas las horas 

son buenas. 

Balt. Es que queríamos que nos lo rebajases. 

Cin. Pagáis lo mismo que le pagabais á mi pa- 

dre: y si yo os rebajase el arrendamiento, 
mi padre quedaría en mal lugar. 

Greg. Es que... 

ClN. Ea, déjate de esas COSas. (Baltasar y Gregorio 

forman grupo con Cinquenas, ajustando las cuentas y 
dándole dinero. 1 

Cat. (En otro grupo.) Esta noche nos vengamos to- 

das de Tomás Pedro; ya veréis, ya veréis. 

Luisa ¿Sí? Me alegro 

Cat. En saliendu de aquí, les decís á vuestros 

hermanos que se acerquen á esta casa con 
todos sus amibos, pero con mucho sigilo. 

FlL. ¿Y qué van á hacer? (Vuelve Mariona con la caja.) 

Cat. Ya os lo diré cuando estemos fuera. 

Cin. ¿Quién quiere cobrar su semana? (Haciendo 

saltar el dinero en la caja.) 

Luisa Nosotras, nosotras, (otras dicen lo mismo que 

Luisa, y al mismo tiempo Baltasar, que se ha quedado 
solo, vuelve á meter en la bolsa el dinero que le ha 
sobrado. Gregorio se va á hablar con Catalina.) 

Cin. (a Mariona.) Dale á cada una tres pesetas y 

media. 
Fil. Ncs debía usted subir un real. 

Cin. Tu madre no ganaba más que tres pesetas, 

y tenía más años que tú y era tu madre. 

(Mariona va pagando y Cinquenas vigila el pago.) 

(a catalina.) Ya lo has oído: el arriendo igual. 

Tú verás cómo rabia esta noche Cinquenas. 

¿Y por qué ha de rabiar? 

Por lo que has de hacer tú con los demás 

muchachos del pueblo. 

¡Ya! ¿Lo dices por eso de Tomás Pedro? 

Sí. 

No, mujer; yo"no hago eso. 



Cat. ¿Conque do? Pues has de saber que Tornas^ 

Ped'o hasta conmigo se atrevió la otra tar- 
de. ¡Me dijo unas cosas! 

Greg. ¿Conque sí? ¡Ah! ¡Pues ya verá él lo que- 

hago yo esta noche! 



ESCENA IX 



MARIONA, CATALINA, LÜT=A, FILOMENA, BALTASAR, CINQUE- 
NAS, GREGORIO, la demás gente y TOMÁS PEDRO 

Cat. (a Gregorio.) Ya está ahí. 

Tomás ¡4lto á la justicia! Yo copo la banca. 

ClN. (Esconde la caja tras de sí.) Hombre, no d\gít.¡ 

esas cosas que me has asustado. 
Greg. (a catalina.) Pues vamonos, porque si no... 

Cat. (se lo lleva conteniéndole.) Ea, buenas noche?. 

(Va á salir Gregorio llevado de la mano por Gatalina. ) 

Tomas ¿A dónde vas tan enfadado? 

Greg. Voy al demonio. 

TOMAS Ya Se te COnOCe. (sale también Baltasar.) 

Mar. (a Tomás Pedro.) Hemos de hablar esta no- 

che. 
Tomas Hablaremos mañana, mujer. * 

Mar. Es que Águeda se lo va creyendo y no quie- 

ro seguir de efte modo. 

ClN. (A Mariona.) ¡Mariona! ¡Escucha!... (Sigue ha- 

blando con ella.) 

Tomas (Aparte.) Ni yo tampoco quiero seguir así. 

Esto se ha de acabar. 
Luisa. Oye, Tomás Pedro, ¿no me dices nada? 

ToMAS [Ah! Sí. ¡Hola! (Muy serio y preocupado.) 

Mar. Ya os podéis ir. 

Fil. (por Mariona.) Muy enfada está Mariona. 

Mar. ¿No habéis cobrado? Pues á la calle, (van sa- 

, liendo y murmurando.) 

ClN. Pero Ven, Mariona. (Está sentado en el foro con 

la caja sobre la-mesa.) 

Mar. ¡Tomás Pedro! Tú no me quieres como an- 

tes. (El mira hacia el cuarto de Águeda.) Responde. 

Tomas (con aburrimiento.) ¿Como antes...? Pues sí. 

Mar. Pues te digo que este enredo se ha de aca- 

bar. 



— 53 ~ 



ESCENA X 

MAMONA, TOMÁS PEDRO, CINQUENAS, ÁGUEDA. Águeda desde 
la puerta de su cuarto tose para llamar la atención de Tomás Pedro 



ÁGUEDA 



r ;Ah, eres tú? (Corriendo hacia Águeda.) 

Tomás Pedro. (Tratando de detenerle.) 

(Yendo hacia Tomás Pedro.) ¿Qué le decías á la 

Mariona? ¿Le hablabas de mí, verdad? 

De tí hablábamos. (Procurando fingir indiferencia 
por Águeda.) 

¡Qué guapa es Mariona! 
(Enfadada.) Sí, muy guapa. | Déjame! 

¡Mariona! (Llamándola enfadado.) 

(Yendo á Cinquenas. Aparte ) SÍ no la deja, me 

vuelvo loca. 

(a Tomás Pedro.) ¿Sabes tú? Ya me aprendí 

toda la canción. 

¿Y te gUSta? Dime que te gUSta. (Mariona pro- 
cura apartarse de Cinquenas que la obliga á sentarse.) 

¿Pues no ha de gustarme? ¡Como que mehas 
dicho que tu madre te la cantaba para ha- 
certe dormirl 

(a Mariona.) Apunta lo que hemos pagado y 
haz h j s cuentas como voy á decirte. (Mariona 

vuelve la cara mirando á los otros.) Pei'0 escribe, 

mujer. . '- . 

Bueno, ya escribo. (Enfadada. Cinquenas irá dic- 
tando á Mariona. Águeda va cantando en voz baja jí 
Tomás Pedro la va siguiendo también en voz baja ) 
(Interrumpiéndose de pronto y con tristeza. 1 ) ¡A 

cuántas muchachas les habrásenseñadoesta 
canción, Tomás Pedro! 
A nadie. Te lo juro. ¡Maldito sea yo si mien- 
to! Y eso que siempre la he sabido, y mu- 
chas \eces cuando estaba solo, y estaba 
triste, me la he cantado yo mismo muy ba 
jito, pero sin decir las palabras ¿sabes? Y 
me consolaba. 

(■De pronto.) Pues mira: ahora mismo quisie- 
ra yo tener una criaturita en brazos, para 



54 — 



Tomas 



Águeda 
Tomas 



Águeda 



Tomas 



Águeda 

Mar. 
Cin. 

Tomas 



Agued\ 
Tomas 



hacerla dormir cantándole tu canción, (va 

de una parte á otra moviendo los brazos, cantando 
entre dientes como si hiciese dormir á una criatura.) 

(Aparte.) Lo tengo resuelto. Esta es la última 
noche en que veo á la Mariona. Y me caso 
con Águeda y basta de locuras. 
Tú estás tris'ón y yo no quiero que lo estés. 

((levándola lejos de Mariona y Cinquenas ) Sí que 

lo estoy. Yes porque te quiero tanto, te quie- 
ro tanto, Águeda, que me sabe bien que na- 
die lo Sepa. (Mirando de reojo á Mariona.) 

¿Y eso te pone triste? Pues á mí me da una 
alegría muy grande. ¿Ni qué me importa 
que lo sepan todos? Porque, ¿quién me ha- 
bía de decir á mí que había de encariñarme 
con la vida y qué me había de gustar vivir 
en este mundoV Y eso qué, mira tú, para mí 
el mundo es más pequeño ahora que antes. 
Mira, está entre tú y yo, y va del uno al 
otro; y basta, y se acabó el mundo. 
Dices bien, Águeda. Y cuando tú te vas 
acercando á mí y nos miramos muy de cer- 
ca, el mundo es cada vez más pequeño, (ei 
se va acercando á ella.) Y dí tú, el mundo y el 
cielo, y todo ^n nosotros está. (El se ha acerca- 
do tanto que va á besarla en la boca ) 

No, eso no. Y no te acerques tanto. (Le pega 

en la boca con una flor que tiene en la mano, pero 

riendo.) 

(Que los habrá estado observando con disimulo.) ¡Ya 

no escribo ni cuento másl 

| Pero mujer! (Mariona vuelve á srntarse al ver que 
los otros se han separado.) 

(volviendo á Águeda.) Perdóname, Águeda; que 
bien sé yo que no eres como las otras, ni 
quiero ser como he sido. ¡Vaya que es cosa 
rara! ¿Quién me lo había de decir Águeda," 
que yo tomase en serio esto de querer á una 
mujer? Antes no sentía en mis amoríos más 
que vanidad y por eto me gustaba que todo 
el mundo lo tupiese. Y cuando oía decir que 
había otro modo de quererse no lo creía. 
Anda, vé diciendo, que me gusta oirte. 
¿Qué sé yo lo que digo? Si me he vuelto del 



— 55 — 

revés. De viejo que era me he vuelto niño; 
pero niño pequeño, muy pequeño. Y tan 
cambiado estoy que desde ahora quiero cam- 
biarlo todo. 

Águeda f ,Qué es lo que quieres cambiar? 

Tomas Quiero ser otro hombre. Quiero quererte á ti 
sola. ¡Águeda! para ser mi mujer ¿estás dis- 
puesta á todo? 

Águeda (con extrañeza.) ¿A todo dices? No te com- 
prendo. 

Tomas Entre toda la gente del pueblo, ¿en quién 
tienes más confianza? Quiero decir, ¿quién 
crees tú que es mejor para ampararte y de- 
fenderte? 

Águeda En quien tengo yo más confianza es en la 
Mariona. 

Tomas No: esa no. No ha de ser ninguna mujer. 

Águeda Entonces en Baltasar. 

Tomas Justamente, en Baltasar. Y ahora á separar- 
nos. (Al ver que Mariona se levanta se separa de 
Águeda.) (Aparte.) Mañana me voy del pueblo 
y ella viene tras de mí con Baltasar y nos 
casamos. 

ÁGUEDA (Acercándose á él sin comprender lo que piensa.) Pero 

¿por qué me preguntas esas cosas y para qué 
es todo eso? 

TOMAS Es que mañana... (Mirando hacia Mariona y con- 

teniéndose.) No: ahora no. Ya lo sabrás maña- 
na mismo. 

Águeda ¿Te has enfadado conmigo por... por lo de 
antes... por lo del beso? 

Tomas No, Águeda, no. 

Águeda Es que si te has enfadado, clámelo. 

Tomas Te digo que no es por eso. ¡Si te quiero más 
todavía! 

Águeda Es que si tú no me lo das, te lo doy yo á tí. 

¡Qllé tontería! Ven acá. (Echándole el hrazo ai 
cuello y riendo.) 
Mar. ¡Águeda! ¡Águeda! (Corriendo furiosa á ellos.) 

(Hacia un rato que quería separarse de Cinquenas.) 

Tomas (\ Mariona con cólera.) ¿Qué quieres tú? ¿A qué 

vienes? Déjanos á nosotros. 
Águeda Pero ¿qué tienes, Mariona? 
Mar. (Rabiosa.) Tío, eche usted de -casa á Tomás 



— 56 — 

Pedro. Esto no se puede aguantar, delante 

de nosotros. 
Cin. ¿Que hay, qué pasa? 

Mar. Que esto es un escándalo, Y si se empeñan 

en que hable, hablaré, y lo diré todo. 

TOMÁS ¡Mariona! ¡Mariona! (Queriendo imponerse.) 

Águeda (a Mariona.) [Pero no te comprendo! 

Cin. (a MarLona.) ¡Mariona! ¡Si tú has fido la prime- 

ra que has querido que estos se festejasen! 
¡Si tú te empeñaste en que viniese á casa 
por Águeda! 

Águeda ¡Pues bien: le quiero: sí! ¡Y él me quiere á 
mil 

Tomás Calla, Águeda. 

Mar. (a Águeda.) Pues ahora digo que no os ha- 

béis de querer más; y no os querréis más; 
no, y no. 

Águeda (a Tomás Pedro.) ¿Pero, qué está diciendo? 

Cin. (a Mariona.) ¿Por qué no, si él se quiere casar 

ron eila? 

Mar. Es que no ha de casarse con ella. Es que 

todo el mundo habla de estos amoríos. Es 
que se está burlando de usted y de mí y 
de ella, como se ha burlado de tantas otras. 
¡Yo lo hago por la pobre Águeda! 

Águeda ¡Tomás Pedro!... 

Cin. Esto sí que no lo sufro. 

TOMÁS (Por Mariona. Dirigiéndose a Cinquenas.) ¡Déjela US- 

ted que hable. 
Cin. De todas maneras, hemos de hablar >muy en 

serio estas cosas tú y yo. 
Tomás Hablaremos cuando usted quiera. 

Cin. Ahora mismo. 

Tomás Ahora. 

Cin. Idos vosotras 

Águeda (a cinquenas.) Pues sépalo usted, le quiero con 

toda mi alma, y antes de que nos hicieran 

ustedes reñir á los dos, me iría con él. 

(ClN. (Llevándola hacia su cuarto.) Si también VO lo 

quiero que oseaseis. ¿Porqué no? (siguen ha- 

'■'. p . blando un momento en la puerta. El se lleva la caja 

del dinero ,y sale por la puerta grande de la izquierda.) 

Tomás . (a Mariona.): ¿Te has vuelto loca?; 
Mar.. ¿Qué vas a, decirle al tío?, 



— 57 — 

Tomás (con ironía.) Lo que tú dispongas. ¿Te parece 

que le diga que nos queremos tú y yo? 

Mar . Eso no. Que lo perderíamos todo. 

Tomás Todo, y además el dinero, ¿verdad? 

Mar. También. 

Tomás (con ironía.) Anda, anda. 

Mar. /.Pero vendrás? 

Tomas Vendré. (Aparte.) Así me condene vendré por 

Última vez. (Vuelve Cinquenas y sale Mariona por la 
puerta pequeña de la izquierda.) 



ESCENA XI 



TOMAS PEDRO y CINQUENAS 

Din. Conque, ahora, hablemos nosotros. 

Tomas Eso es lo que quiero; y es lástima que no 

pueda decir todo lo que pasa y todo lo que 
tengo dentro. 

Cin. Mira: yo no tengo que preguntarte más que 

una cosa y me basta. ¿Cuándo te piensas 
casar con Águeda? 

Tomás ¿Pregunta usted que cuándo? 

Cin. Sí: que cuándo te casas. 

Tomás Mañana si puedo; y si pudiera ahora mismo. 

Cin. Sí puedes, sí puedes... ¿Por qué no has de po- 

der? ¿Porque ella es pobre? Bien lo sabías al 
entrar en esta casa ¿O es que tiene razón 
Mariona y que te has querido burlar de nos. 
otros? 

TüMÁS (Riendo por lo que ha dicho de Mariona.) ¿Quiere 

usted que se lo diga todo? A tantas como 
he festejado, otras tantas han sido mías; 
muy mías; menos una: Águeda, y ahí tiene 
usted, me casaré con ella; por la memoria 
de mi madre que me caso con Águeda. La 
verdad: yo no sé si no ha sido^mía porque 
no ha querido serlo ó no sé por qué; que tra- 
tándose de Águeda me molesta pensar en es- 
tas cosas. Solo sé que nos queremos como 
dos chiquillos: igual hoy que el primer día. 
Cin. Mira: cuando se dijo en el pueblo que feste- 

jabas á¡ Mariona, me puse de modo que ce- 



Tomás 
Cin. 
Tomás 
Cin. 

Tomás 



Cin. 

Tomás 



Cin. 

Tomás 



gué de rabia; porque mi dinero ¿sabes tú? 
no está para irse á un perdido corno Tomás 
Pedro, pongo por caso. En cuanto á Águeda 
ya es distinto: yo no tengo nada que ver con 
ella y bastante hago con tenerla á mi lado. 

Y ahí tienes, porque te he dejado entrar en 
mi casa y por qué he dejado que os trataseis. 
Ahora, lo mismo digo una cosa que otra; y 
te lo diré con franqueza. Si te casas con 
Águeda, yo no le doy un cuarto; le daré al- 
guna ropa que fué de mi mujer y unas cuan- 
tas eábanas. 

(con ironía.) Hace usted bien; no es. cosa de 
arruinarse. 

Y agrego que si no os casáis de seguida, aqui 
no vuelves á entrar. 

¿De modo que le hago á usted un favor lle- 
vándome á Águeda? 

Con franqueza te digo que sí; porque si me 
la dejas, con la fama que tienes y con lo 
que murmuran que la chica tiene sangre de 
hereje, ya tenía que cargar con ella para 
toda la vida. 

No se alborote, que mañana quedará listo el 
asunto; y quedará á gusto de usted y muy 
á mi gusto. Conque ya puede usted empezar 
á darme las gracias, y si usted lo supiese to- 
do, aun me las daría más cabales. 
¿Qué quieres decir con eso? 
Nada: yo me entiendo. No le pido á usted 
más que una cosa: que de lo que hemos ha- 
blado no le diga usted una palabra á Águe- 
da, ni á Marión a, ni á nadie, hasta que... 
hasta que todo esté rematado. Tengo un 
asunto que arreglar y si Fe supiese que pien- 
so casarme antes de tener arreglado ese 
asunto, se armaría tal enredo... que... va- 
mos... hasta me temo que dejara de querer- 
me la pobre Águeda pensando que había 
servido... Conque lo dicho y basta. 
¡Bueno eres tú! ¿Tienes que romper con al- 
guna otra, verdad? 

Lo acertó usted. He áe acabar con otra. Pero 
yo le prometo que acabamos esta misma no- 



— 59 — 

che; bien á bien ó de cualquier modo que 

sea. 
Cin. Corriente: y hasta mañana. Ya sabes que le 

daré alguna ropa; no mucha... 
Tomás Gracias. Guárdela usted para Mariona. 



ESCENA XII 

ÁGUEDA, MARIONA, TOMAS PEDRO, CINQUENAS. 

Águeda (a cmquenas.)¿Qué ha dicho Tomás Pedro? 
Cin. (a Águeda.) Que sí te quiere. 

Mar. (A Tomás Pedro. En la puerta.) ¡Por DiosI No tar- 

des. 

Tomás No tardaré. (Aparte.) Si tu supieras la repug- 
nancia que me .das. (vase.) 

ClN. (a Águeda que se vuelve á preguntar.) Por hoy no 

puedo decirte mas. 
Mar. (a cinquenas.) ¿Qué le ha dicho á usted ese? 

Cin. Que todo va bien. Buenas noches. 

Mar. (Deteniéndole.) ¿Para quién? 

ClN. Para Águeda. (Sale por la puerta grande de la iz 

quierda.) 



ESCENA XIII 



ÁGUEDA y MARIONA 

Águeda (con alegría.) Claro está; para mí. 

Mar. (con violencia.) Pues te equivocas. Ya verás 

cómo te equivocas. 
Águeda ¿Y por qué he de equivocarme? 
Mar. Déjame en paz. 

Águeda ¿Es que te da enfado que yo quiera tanto á 

Tomás Pedro y que él me quiera á mi tanto 

como me quiere? 
Mar. ¿Y cómo sabes tú que él te quiere? A ver, 

¿cómo lo sabes? 
Águeda ¡Toma! Porque me lo ha dicho; porque me 

lo repite cien veres al día. 

Mar. (Dice nerviosamente.) ¡Simplonal 



— 60 — 

Águeda Mira tú, tard ,! > muchos días en decírmelo. 
Y al principio parecía que le pesaba que yo 
le quisiera tanto. Y, vamos, como si le mo- 
lestase que la gente lo notara. Hasta cuando 
venías tú se apartaba de mí, por más que yo 
le decía que tú no lo tomabas á mal. 

Mar. Pues yo te digo que ya no has de querer 

más á ese hombre. 

Aguedv ¿Porqué? 

Mar. Porque lo tengo resuelto que no le quieras. 

Porque él tiene amores con otra y á ti te 

I está engallando, y e^tá jugando contigo 

COmO Con Una chiquilla. (Muy rabiosa.) 

Águeda (indignada.) 1£1 me dice que me quiere á mí, 
solamente á mí, y que dentro de sí no tiene 
á nadie más que á Águeda, á mí. 

Mar. ¡Mentira, mentira! Pero oye, tú, bobalicona, 

si á la otra la conozco }'o como te conozco á 
ti misma, más que á ti misma. 

Águeda Pues dile á esa otra que Tomás Pedro es 
mío, y como va á ser mi marido, claro es 
que va á ser mío por toda la vida. 

Mar. (cogiéndola por un brazo.) ¿Que va á ser tu ma- 

rido? Repítemelo cara á cara. 

Águeda [Mariona! 

Mar. Primero lo publico todo. 

Águeda (con sorpresa y espanto.) ¿Es que tú le quieres? 

(pon rabia.) ¡Maliona! 

Mar. (soltándola de pronto.) ¿Yo á Tomás Pedro? 

(Riendo.) ¿Yo? ¿l'or quién me has tomado á 
mí? He querido avisarte por tu bien. Como 
mis padres te criaron como si faeses su 
bija... por eso. 

Águeda Yo te lo agradezco, mujer, como se lo agra- 
decería á una hermana mayor, (\iariona hace 

un movimiento de desprecio.) A ellos les debo la 

vida, y como ellos se han muerto, claro está 
que es como si te la debiera é ti. De modo 

que yo te lo sacrificaría todo. (Mariona va á ha- 
blar satisfecha.) Todo menos Tomás Pedro, que 
no podría. 
Mar. (Rabiosa, disimulando.) Pues no hablemos más 

de estas cosas. Quise aconsejarte; lo has to- 
mado mal; pues listos. 



61 — 



Águeda 

Mar. 

Águeda 



Mar. 

Águeda 

Mal 

Águeda. 



Pero no estás enfadada conmigo, ¿verdad 

que no'? 

¡Qué tontería! 

Pues deja que te abrace como te abrazaba 

cuando éramos pequeñitas (Le pasa un brazo 

por el cuello. Mariona no se mueve.) Buenas no- 

ches y basta manan?. Toma. (Besándola.) Y 
abora dame tú un beso, pero de corazón. 

¿Y por quó no? (Va á besarla, pero retrocede rabio- 
sa.) No, no te lo doy. 
Mariona, ¿qué te pasa? 

Nada, no me pasa nada. (Entra en su cuarto, el 
de la puerta pequeña de la izquierda ) 
] Mariona! (Corre tras ella; pero Mariona ha cerrado 
la puerta.) 



ESCENA XIV 



ÁGUEDA, después RUFO, MOLLERA y CIXQUENAS 



Águeda 



Rufo 
MÓLr. 

ClN. 



Rufo 
Cin. 



Dios mío, ¿qué es esto? ¿Será que le quiere? 
Esta rabia que me tiene sin haberle becho 
yo nada... ( Pausa.) Pero no puede ser. Si ella 
fué la primera que me habló de Tomás Pe- 
dro, y al principio, ruando él venia, ella 
misma me llamaba. Al principio, sí; peí o 
después... no. Y á veces hablaban los dos en 
voz baja y se callaban en cuanto me veían. 
¡Dios mío, qué angustia! Ea, no quiero tener 
estos pensamientos; pero quiero saber la 
verdad, porque'si no no podría dormir, (va 

hacia el cuarto de Mariona; pero vuelve atrás, porque 
entran Rufo y Mollera.) 

No tenías que haber jugado tan fuerte. 
Es que estaba escuchando á Gregorio. To- 
tal, be perdido tres pesetas. 
(Entrando.) ¿Todavía estáis aquí? A acostarse 
todo el mundo, que se gasta mucho aceite. 

(Ha ido á cerrar la ventana y la puerta, llevándose la 
llave de ésta.) 

Es que éste ba perdido tres pesetas. 
Bueno, bueno, que las busque... No eran 

mías... (Vase.) 



— 62 — 

Rufo (a Águeda.) ¿Sabes? El Mollera ha perdido 

tres pesetas. 

Móll. Si no te escucha. 

Rufo (a media voz.) Puede ser que sepa algo de eso 

que preparan 

Móll. (ídem.) ¿Y quién Pe lo ha de haber dicho? Si 

ella lo supiere, no habria caso. Y por eso 
Gregorio se guardó de nosotros, por temor 
de que lo charlásemos. 

Ruío Es que á mí me da pena por ésta. Yo creo 

que haríamos bien en desbaratarlo todo. 

Móll. Sí, sí, charla, y ya verás cómo riñes con Fi- 

lomena. Yo le he prometido á Luisa no con- 
tar nada. 

Rufo ¿Y por quién lo saben ellas? 

Móll. Por sus hermanos, que toman parte en la 

broma. Conque, créeme, vamonos á la cama. 

Rufo Mejor será. 

MÓLL. (Yendo hacia la puerta grande.) Pues mira tú, pa- 

rece mentira: de es'a no lo hubiera creído. 

Rufo (siempre á media voz.) Espera, que te voy á de- 

cir una cosa. A mí una vez me querían echar 
de esta casa, y Águeda se empeñó por mí y 
no me echaron,; y aquí me tienes. 

Móll. ¿Y qué quieres decir con eso? 

Rufo Que yo no me aguanto más. (Llamándola.) 

¡Águeda! (Ella no le oye.) ¡ Águeda! (Cogiéndola 
por un brazo.) 

Agjeda ¿Qué hay? 

Rufo (con pena.) Pues hay que... verás claro: que 

no tienes que dejarle entrar más de noche á 

TocLás Pedro 
Águeda ¿A Tomás Pedrc? ¿De noche? No te en- 
tiendo. 
Móll. (Burlándose, á Rufo.) Vamos á la cama, hombre. 

¡Pts! Vamonos. 
Rufo Que se ha sabido todo por el pueblo; que le 

vieron la otra noche entrar por la ventana. 
Águeda ¿Entraba por la ventana? ¿Quién? 
Rufo Vaya, mujer; tu novio. 

Móll. (ai mismo tiempo.) Tomás Pedro. 

Águeda Mentira. Eso es que la gente del pueblo me 

quiere mal; p íj ro es mentira. 
Rufo (a Moliera.) ¿Ves cómo nos han engañado 

aquellos? 



— 6? 



Águeda 
Móll. 



Águeda 

RUFO 

Águeda 



Rufo 
Móll. 
Rufo 
Águeda 



Móll. 
Rufo 



Pero, ¿quién cuenta esas cosa^? 
Te diré. Lo cuentan Catalina y Gregorio. 
Porque Gregorio le vio una noche subir á 
Tomás Pedro por esa ventana. ¿Lo com- 
prendes? Y esta noche tienen preparado un 
alboroto para perderos á los dos. 
¿Para perdernos? 

¡Te digo que sí! Pero, mujer, parece que tie- 
nes empeño en no entendernos. 
¡Lo que á mime parece es que estoy soñan- 
do! ¡Bah, bah! Es que vosotros habéis De- 
bido demasiado en la taberna, 
¡^hora nos llama borrachos! 
Nosotros seremos borrachos; pero tú... 
Cállate, hombre. 

(Aparte, mientras ellos disputan.) ¡Ay, pobrecita 

de mí! Que si es verdad lo que estos cuen- 
tan yo quisiera morirme. 
(a Águeda.) ¿Pero no te digo que le han visto? 
Le ha visto el mismo Gregorio. 



ESCENA XV 



ÁGUEDA, RUFO, MOLLERA y MAR10NA, á la puerta de su cuarto 

Mar. ¿Qué? ¿Aún no os vais á la cama? 

Águeda ■ (Entrando rainosa en su cuarto.) ¡La Mariona! ¡No 

la quiero ver; no la quiero ver! 
Rufo (a Moliera.) Se va llorando y tú tienes la 

culpa. 

MÓLL. Pues tú empezaste. (Coge la única luz que hay 

en la escena encendida y sigue disputando.) 
Mar. (Adelantándose hacia la escena.) ¡Eal idos á la 

cama. 

Rufo Embustero. 

Móll. Ya estoy harto de oirme llamar embustero . 

¡Grandísimo bobo! 

Rufo Pues yo también estoy harto de oirme lla- 

mar bobo, y si es que tienes rabia porque 
has perdido tres pesetas... 

Móll. ¿Y á tí que te importa? 

Rufo . Ni á ti te importa tampoco, (salen por ia puerta 

grande de la izquierda disputando.) 



- 6í - 

Mar. ¡Gracias á Dios! Todos fuera. La ventana en- 

tornada. Ya está. Y ahora, que venga, (se vi 
á su cuarto y deja entornada la puerta ) • 



ESCENA XVI 



ÁGUEDA; después TOMAS PEDRO. La escena á obscuras 



ÁGUEDA (Adelanta por la escena sin decir palabra, mirando á. 

veces hacia la ventana.) ¡No ÍO Creo! Y aunque 
no lo creo, no puedo menos de venir á esta 
sala, (pausa.) En la casa todos duermen me- 
nos yo; que no sé qué me pasa; que estoy 
temblando, y me parece que me voy á vol- 
ver loca. Bah; le veré mañana y le conta- 
ré estas angustias que tengo, (va hacia su 

cuarto, pero de pronto se vuelve y mira fijamente hacia, 

la ventana.) ¡Nadal ¡Que no puedo apartar los 
ojos de esa ventana maldita! (va hacia ella.) 
¡Ah! ¿Cómo es esto? No está cerrada. (La abre 

y saca la cabeza, pero retrocede en seguida.) Abajo 
hay un hombre. ¡Qué SUSto! (Vuelve á la venta- 
na.) Hay que cerrarla; sí, cerrada. (La cierra. 

en efecto; pero mira por una rendija y escucha.) Su- 
ben... ai... suben... (pausa —Rabiosa.) Pues que 

SUba; que entre. (Abriendo de par en par la venta- 
na..) Ya está abierta. (Retrocede temblando, apo- 
yándose en la mesa.) ¡DÍOS mí©, DlOS míol (va. 
entrando Tomás Pedro.) ¡Era Verdad! (Águeda hace 
ruido al apoyarse en la mesa.) 

Tomas (Acercándose por el ruido.) ¡Ya estarás contenta: 
aquí me tienes, Mariona! 

Águeda (con un grito ahogado.) ¡Ah! ¡Mariona! 

Tomas ¿Quién eres tú? 

Águeda ¡Has venido por la Mariona! ¡Y me has en- 
gañado á mí! 

Tomas ¿Por qué estás aquí tú, Águeda? 

Águeda ¿Y por qué estás tú? Dímelo. Que me pare- 
ce que ni tú eres tú, ni yo soy yo misma. 

Tomas ¡Calla! ¡Que no te oigan! 

Águeda Si yo quiero que me oiga todo el mundo, y 
que te vean para que te conozcan. 

Tomas ¡Calla, que te pierdes! 



- 6o — 

Águeda ¡Si no me importa perderme! ¡Si ya lo tengo 
perdido todo ahora mismo! (Gritando.) ¡Ma- 
rión al 



ESCENA XVII 

ÁGUEDA, MARI0NA y TOMAS PEDKO 
Mar. ¡Tomás Pedro! (Avanzando hacia el centro.) 

Águeda Ya la tienes aquí á tu Mariona. (corriendo á 

ella y empujándola hacia Tomás Pedro.) ¡Buena pa- 
reja, como hay Dios! ¡La loba que rastrea al 
lobo de noche. ¡Buena pareja! 

Mar. ¡Desvergonzada! ¡Maldita! 

Águeda ¡Eso! ¡Yo la desvergonzada; y me lo dices 
tu, la perdida; la mala hembra! 

Mar. Óyelo: delante de tí me alabo: de que es 

mío, no más que mío. 

Águeda ¡Luz! ¡Que traigan luz! Que le quiero ver la 
cara á este maldito! (Gritando.) 

Tomas ¡Por Dios, Águeda! 

Águeda ¡Ahora tiene mie'do el valiente! ¡Luz, luz! 
¡Pronto aquí luz! 

TOMAS Mal rayo nos parta. (Tomás Pedro abre la venta- 

na, saliendo por ella. En el exterior se ve el resplandor 
de teas encendidas y se oyen gritos y ruido de instru- 
mentos desacordados.) 



ESCENA XVIII 

ÁGUEDA, MARI0NA, CINQUENAS, RUFO y MOLLERA, con una luz 
ClN. ¡Tomás Pedro! (Viéndolo aún en la ventana.) 

Mar. ¡Venía por la Águeda! 

Águeda ¡Infame! ¡Perdida! ¡Ladrona! ¡Dejadme que 
la mate; que la haga pedazos! ¡Dejadme, de- 
jadme! (Precipitándose encima de Mariona.) 



TELÓN 



(g) .«g5gs> fef?X^^s,. <S) 



ACTO TERCERO 



La misma decoración del acto primero. Es noche cerrada 



ESCENA PRIMERA 

TOMÁS PEDRO, GREGORIO, Marineros y Pescadores. Después BAL- 
TASAR y CATALINA. Al levantarse el telón, Tomás Pedro va descen- 
diendo de la ventana por la pared. Todos mueven gran alboroto bur- 
lándose de Tomás Pedro. Algunos tocan instrumentos desacordados, 
Otros iluminan la escena con teas encendidas. La puerta y la venta- 
na de casa de Cinquenas están cerradas 

Greg. ¡Música, música al sinvergüenza! 

Tomas (Llegando ai suelo.) A ver: ¿quién es el que me 
llama sinvergüenza? ¿Por qué os metéis con- 
migo vosotros? ¡Mal rayo os parta á todos! 
¿"Por qué os metéis conmigo? 

BALT. • (Saliendo de su casa.) ¿Qué gritos SOliestoS? (Po- 

niéndose en medio.) ¿Pero qué pasa aquí? 

Greg. Es que Tomás Pedro viene de festejar á 

Águeda. 

Tomas Eso es mentira. 

Greg. Si le hemos visto salir por Ja ventana 

Tom*s Os digo que es mentira. 

Cat. (saliendo de la casa.) ¿Qué es lo que dices que 

es ni; n tira? 

TOMÁS (Desentendiéndose de Catalina.) Águeda es tan 

honrada como vuestras hermanas. (Todos pro- 
testan.) Y como vuestras madres. (ídem.) 



- 6S — 

Balt. ¡Basta, Tomás Pedro! Y vosotros, fuera de 

aquí. Fuera, que estáis escandalizando al 

pueblo. (Murmuran, no queriendo irse.) Cada llllO 

á su casa, que ya va á amanecer, (van desapa- 
reciendo entre gritos y broma. Bajtasar los na ido em- 
pujando hacia el foro para obligarlos á que se mar- 
chen.) 



ESCENA II 

CATALINA, TOMAS PEDRO, BALTASAR y GREGORIO. Gregorio 
escucha á Catalina que está rabiosa 

Tomas (Aparte.) ¡De mejor gana que lo digo me pe- 
gaba un tiro! Y lo que más me apura es que 
ahora Águeda r.o me querrá creer una sola 
palabra. Tan desesperada estará la pebre 
como yo. 

Cat. (Fingiendo.) ¡Tomás Pedro! Yo te juro que 

nosotros no tenemos culpa ninguna de lo 
que pasa. Díselo tú, Gregorio. 

Tomas (Andando por la escena.) ¿Y á ni í qué me impor- 
ta de vosotros? 

Cat. (a Baltasar.) A Gregorio le han traído ios 

otros. 

Balt. Eso: los otros, (a Gregorio.) Pero no se hace lo 

que has hecho. ¿Oyes"? No se hace. 

Greg. ¿Ves, mujer? Si yo te lo decía. 

Balt. (a Tomás Pedro.) Contigo ya sé .yo lo que había 

que hacer: meterte en presidio. ¿Y sabes tú 
ahora cuál es tu obligación? 

Tomas Pero si Águeda no me querrá, si estará ra- 
biosa conmigo Si esto es lo que me apura. 

Cat. ¿Pero qué está diciendo este hombre? 

Balt. Pero infame: ¿aún te atreves á decir que no 

te querrá? 

Tomas ¿Qué sabe usted lo que ha pasado allá den- 
tro? ^ Catalina y Gregorio van á decir algo..) JSl VOS- 
Otl'OS lo Sabeio tampOCO. (a Catalina que insiste.) 

¡Si ninguao de vosotros me ha conocido á 
mí nunca! ¡Ninguno, ninguno me ha cono- 
cido! (Ríe catalina.) Yo no he querido en ja- 
más á mujer ninguna más que á la Águeda. 



— 69 — 

(indignación de Catalina.) A ella; solo á ella. Por- 
que todas las demás, han sido cualquier 
cosa. 

Cat. (Fuera de sí.) ¡Pillo! ¡Maldito! ¡Ladronazo! (a 

i - igorio.) ¿Pero no oyes cómo las pone a. 
todas"? 

Balt. sé cómo tengo paciencia y no te escupo 

á la cara. 

Tomas ¿Ustel á mí, Baltasar? Peí o si usted va á po- 
ners ¡ a mi lado ahora mismo, y va usted á 

ayudarme. (Catalina se burla de Baltasar ) 

Balt. ¿Que yo te voy á ayuda.-? ¿Eso me dices? 

Grandísimo descarado, si eres más malo 
que el íuinmo enemigo malo. 



ESCUNA III 

CATALINA, TOMAS PEDRO, GREGORIO, BALTASAR y RUFO, 
que baja de la casa 

Rufo ¡Ehl No gritéis. 

Cat. Es Rufo. A ver qué cuenta. 

Tomas ¡Ahí ¡Rufo! ¿Que pasa allá adentro? 

Rufo Üinquenas quiere hacer que te prendan. 

Conque á ver si te escapas ahora mismo. 

Tomas Déjate de simplezas y dime cómo está 
Águeda. 

Rufo Yo te digo que te escape^: que va á bajar el 

viejo que quiere dar parte al juez. 

Balt. Y yo le ayudo á Cinquenas. (catalina y Grego- 

rio se llevan aparte á Rufo para que les explique lo que 
ha pasado.) 

Tomas (Llevándose á Baltasar.) Usted ha de ayudarme á 

que me case con Águeda. 
Balt. A eso sí que te ayudo, y en seguida. 

RUFO (No ha querido decir nada á Catalina.) ¡Que viene 

("lliquenas! (Al ver que han abierto la puerta de la 
casa) 

Cat. (a Rufo.) Pero explícalo todo. 

Rlfo Ahora no; que no quiero que el viejo se en- 

tere de que he avisado á Tomas Pedro, ni 

quiero que me vea. (Marchándose por la izquierda.) 
J3ALT. (A Catalina y Gregorio.) VoSütl'OS, adentro. 



— 70 - 

CáT. (a Baltasar.) Es que... (Gregorio va entrando en la 

casa.j 

Bílt. (a catalina.) Adentro. 



ESCENA IV 

TOMAS PEDRO, BALTASAR, CINQUENAS y MOLIERA. Estos dos. 
lian ido bajando lentamente 

ClN. (Viene apoyado en Mollera al bajar.) Llancas eil 

casa del señor juez; y que se levante, que yo 
voy en seguida hacia allá. 

MÓLL. Ahcia mismo. (Sale por la derecha.) 

Tomas ¡Abuelo! Dígale que se espere. 

Cin. ¿Quién es el que habla? ¡Ahí ¿Eres tú? ¿Y 

aún te atreves?... 

Tomas Sí, señor; porque voy á explicarle á usted... 

Cin. A mí no tienes que explicarme nada, pi- 

llastrón. Ya te explicarás delante del señor 
juez. 

Balt. Aguarda un poco, Cinquenas. 

Tomas ¿Qué le va usted á decir al señor juez? ¿Que 
he entrado en su casa esta noche? Supongo 
que será eso. 

Cin. Eso mismo: y ya verás cómo escarmientas 

para toda la vida. 

Balt. Pero si es que él se casa con ella. (Tomás Pe- 

dro hace callar á Baltasar.) 

Cin. ¿Y á mí que me importa? Lo que yo quiero 

es que te castiguen. Que en cuanto á Águe- 
da, yo no tengo ya nada que ver con ella. 
Poca vergüenza tenéis los dos, que nos ha- 
béis comprometido á todos. 

Tomas Es usted demasiado viejo y por eso me 
aguanto y me callo; porque me conviene 
callar, y cuando sufro que insulte usted á 
Águeda... está dicho todo. 

Balt. (a cinquenas.) ¡Pero si él y ella!... 

ClN. ¿Te atreves á defenderlo? (Baltasar va á respon- 

der indignado.) 

Tomas Baltasar, tengamos calma; y á usted, abuelo, 
una palabra. Si quiere usted la tranquilidad 
de su casa, vuélvase á ella en seguida. Ayer 



— 71 — 

noche le pedí á usted un poco de tiempo para 
arreglarlo todo; ahora se lo vuelvo á pedir. 
No más que unas cuantas horas. No diga 
usted nada A nadie; ni á Águeda ni á Mario- 
na. Si usted mueve ruido, y el ruido llega á 
donde no conviene que llegue, yo no res- 
pondo de nada. Y si usted me denuncia, us- 
ted verá cómo se arrepiente. 
Cin. ¡Aún me amenaza el muy descarado! Te de- 

nuncio, sí; y todo el mundo declarará con- 
tra tí, que tengo testigos: ¡vaya si los tengo! 

(Se va por la derecha.) 

Balt. Déjalp. 

Tomas Es que puede haber aquí un conflicto y un 
disgusto muy grande. Porque si hacen ha"- 
blar á otra moza que yo me sé, hasta puede 
/deshacerse mi boda con Águeda. 

Balt. |Ay, María Santísima! 

Tomas Mire usted. Nosotros nos vamos á ver al pá- 
rroco; y sin que nadie lo sepa, Águeda y yo 
nos casamos. 

Balt. Eso es lo mejor; porque yo la quiero como 

si fuese mi hija. 

Tomas Pues aprisa, aprisa, (saliendo ios dos.) 



ESCENA V 

CATALINA, LUISA, FILOMENA, GREGORIO, RUFO, otros Hombres 

y Mujeres. Todos se presentan cuando se va indicando. Empieza á' 

amanecer 



Cat. 

Greg. 
Cat. 



Rufo 
Luisa 
Fil. 
Rufo 



(Saliendo de la casa y llamando á Gregorio ) Ven, 

ya se han ido. 

(saliendo.) Que se las compongan ellos. 

No; eso no. Te digo que no está claro. Me 

parece que queda lo mejor, (viene Rufo por el 

foro derecha, seguido de Luisa, Filomena y otras Mu- 
jeres.) 

Ya os he dicho que no sé nada. 
Lo sabes todo. 

Cuenta, cuenta. (Va llegando otra gente.) 
(Corriendo hacia Catalina.) ¿Se escapó ya Tomás 

Pedro? 



Cat. (Enfadada.) Pero, ¿por qué se había de esca- 

par? ¿Quién le seguía? Vamos á ver. 

Luisa. ¡Qué escándalo! ¿Verdad, Catalina? 

Fil. ¡Calla, por Dios, que me pongo colorada! 

Rufo ¿Y por qué te has de poner colorada? 

Cat. (a Rufo.) Tú lo que has de hacer es contarnos 

lo que ha pasado esta noche allá dentro. 

Mujeres ¡Que lo cuente! 

Rufo Bueno. Pues... 

Luisa Di. 

Fil. Anda. 

Rufo Si no me dejáis resollar. (Todas se van callando.) 

Pues habéis de saber que yo he pasado muy 

mala noche (Ellas empiezan á hablar otra vez.) 

¡Callaos, os digo! A la madrugada me puse 
á soñar. ¡Qué sueño! Veréis. Soñé que hacía- 
mos una cucaña y que yo subía por el palo: 
y nunca llegaba arriba. ¡Lo que yo pensaba! 
Porque en lo alto de la cucaña, en lugar de 
poner un gallo, habían puesto á Filomena 

atada patas arriba. (Todas se ríen. Filomena no le 
ha oído, porque disputaba con otras mujeres.) 

Fil. ¿Qué tienes que decir de Filomena? 

Rufo Que te he visto patas arriba. ¡Mira tú! (Todas 

ríen.) 

Cat. Pero acaba de contar lo que pasó, que nos 

tienes consumidas. 

Rufo Allá voy. Sino que es un secreto muy gran- 

de, y no se lo tenéis que descubrir á nadie. 
(Todas se lo prometen.) Play, que Tomás Pedro 
se ha metido por aquella ventana. (Dan á en- 
tender ellas que ya lo sabían.) Callarse, que aún 
hay más. Hay, que también ha salido por 

la ventana. (Dicho con misterio. Todas se alborotan 
de impaciencia.) 

Cat. Pero, cuando salió Tomás Pedro, ¿quién ha- 

bía por la parte de dentro? 

Rufo Cinquenas, Águeda, la Mariona, yo, todo el 

mundo. 

Cat. Y ellas dos, ¿qué decían? 

Rufo ¿Ellas? Que estaban rabiosas, y se querían 

matar. 

Cat. Pero, ¿quéxlecían? 

Hufo Águeda decía que Tomás Pedro había veni- 



do por la Marioüa, y la Mariona decía que 
había venido por la Águeda. 

Todas .Por la Agneda. E-? claro. 

Rufo Cuando las hemos separado, Mariona se en- 

cerró en su cuarto, y allí estará; y Águeda 
se echó por el suelo, gritando como una loca 
y revolcándose, y así se quedó. Pues dice... 
dice... mirón quién entiende á esa mujer. . 
dice que quiere matar á Tomás Pedro. 

LUISA (Burlándose.) ¡A Tomás Pedro! v 'Los demás hablan 

entre sí, no entendiendo lo que han oído ) 

Greg. ¿Oyes, tú, Catalina? A Tomás Pedro. 

Cat. ¡Sí, ella... Águeda.. Pues Águeda... Yo no 

me quedo con la duda. Voy allá, (corre hacía 

la escalera, pero se vuelve atrás al ver bajar á Águeda.) 



ESCENA VI 

ÁGUEDA, CATALINA, LUISA, FILOMENA, GREGORIO, RUFO 
Muchas mujeres y algún hombre 

Greg. (a catalina.) Espera, que ya salen. 

Rufo (a las muchachas, á media voz.) Quietas las len- 

guas, que viene Águeda. (Águeda va bajando 
despacio, maquinalmente, desgreñada como una loca.) 

Cat A esta la desentraño yo toda. 

Rufj (a media voz ) Apartarse, y no hay que decir- 

le nada, que da mucha lástima, (catalina va 

siguiendo de cerca á Águeda y observándola.) 

Águeda (sin fijarse en nadie.) ¡ Vo quiero matar á Tomás 

Pedro! ¡Yo quiero matar á Tomás Pedro! 
Luisa (a media voz.) Metamos ruido para que nos 

Vea. (Ella y otras meten ruido.) 

Águeda ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué me miráis de ese 
modo? 

Luisa (a media voz á otras mujeres.) Yo no le hablo ya 

nunca más. ¡Miren que haber sido la prefe- 
rida de Turnas Pedro! ¡Ella! 

Fil (á Rufo.) ¡Qué vergüenza! 

Rufo (á las mujeres.) ¡Ea! Lo mejor que podéis ha- 

cer es" marcharos. (Ellas no quieren marcharse, y 
tienen los ojos fijos en Águeda, que se ha quedado mi- 
rándolas ) 



AgüEDa (Repitiéndolo maquinalmente.) ¡Yo quiero matar 

á Tomás Pedro! 

CAT. (Á Gregorio, que quiere llevársela.) Déjame, que 

quiero verla. 
Águeda Apartaos. ¡Que os apartéis! (Yendo á un lado y 

mirando hacia fuera.) 

Luisa ¡Ave Maríal ¡Parece loca! 

ÁGUEDA ^Después de haber mirado por un lado del escenario.) 

No se le ve; no está por aquí. 

RUFO Idos á VUe&traS casas. (No quieren marcharse.) 

Cat. (á Rufo.) ¡A ver lo que hace! 

ÁGUEDA (Ha ido á mirar por otro lado de la escena.) Tampo- 

co se le ve. No está. Tampoco está. Puede 

Ser que esté allá dentro. (Rápidamente se dirige 
hacia la casa de Gregorio.) 
GREG. (Deteniéndola al pasar.) ¿Adonde vas? ¿ Qué 

quieres? 
Águeda No me toques. 
Cat (á Gregorio.) Déjala. 

ÁGUEDA (Llega á la casa de Gregorio y golpea á la puerta, aun- 
que está abierta.) ¡Tomás Pedro! (Con un grito pro- 
longado y estridente.) 

(con tono brusco.; En esta casa no está Tomás 

Pedro. 

¡Pues no le llama! 

¡Delante de nosotras! 

(Volviéndose rabiosa al oirías.) Delante de VOS- 
Otras, SÍ. (Acercándose rápidamente y conteniéndose 

después.) ¡Yo quiero matar á Tomás Pedro! 

(Algunas ríen bajito. Águeda va á arañarlas puestos los 
dedos como garras.) 

(Plantándosele delante.) ¿A Tomás Pedro? ¿TÚ? 
(Apartando á Gregorio, que quiere detenerla.) Déja- 
me, (a Águeda.) ¿Y por qué, vamos á ver, por 
qué quieres malar á Tomás Pedro? (Apartán- 
dole los cabellos de la cara para mirarla mejor.) 
Sí, á ver. Pero tú eres Ja que me has de con- 
testar á mí. Tú, que lo sabes todo; tú, que 
me vigilas con los ojos muy abiertos... ¡así, 
así!... cuando estoy sola con Tomás Pedro, 
como un perro que se muere de red y ras- 
trea la frescura del agua-. Respóndeme tú. 
¿Dónde está Tomás Pedro? 
Cat. . ¿Y yo qué sé? 



Cat. 

Luisa 
Fil. 

Águeda 



Cat. 



Águeda 



— 7Í 



Luisa 

ÁGUEDA 



Rufo 



Águeda 



Greg. 



Cat. 



(A Águeda, burlándose.) TÚ lo Sabrás. 

¿Y por qué he de saberlo yo? ¿Por qué? Con- 
testad en seguida, malditas, que aquí mis- 
mo, COmO malditas que sois... (Tirándose sobre 
ellas, para despedazarlas.) 
(Quitándole de entre las manos á Luisa, cuando ya la 

pegaba.) ¡Por Dios, Águeda, déjala, déjala! 

(Las mujeres huyen por los dos lados del foro asusta- 
das, y Rufo va empujando á las que se quedan.) 
(Mientras van saliendo las demás.) ¡Yo quiei'O be- 
ber sangre, mucha sangre, y quiero ver cómo 
corre por el suelo! (Llora rabiosa.) [Me han en- 
gañado, me han engañado á mí, porque yo 
no soy nadie, y porque no sirvo más que de 
estorbo. Eso... ¿qué soy yo en la tierra? Un 

estorbo, y nada más. (Se ha sentado y se ha cu- 
bierto la cara con las manos: solloza y ríe como loca. 
Las muchachas han ido desapareciendo.) 

[Vaya! Me da pena verla llorar, (se va por la 

derecha. Catalina ha estado mirando fijamente á 
Águeda.) 

(Con la mano hace un ademán de amenaza, dirigiéndo- 
se por donde se ha ido Tomás Pedro. Aparte.) ¡Ahí 

Si no has querido más que á esta, como di- 
ces... A ver la Mariona. (Sube rápidamente la es- 
calera y desaparece.) 



ESCENA VII 



/GUEUA. Después, TOMAS PEDRO 

Águeda Aquí, en esta misma piedra, me habló aquel 
día, y allí e?tab3 yo afilando el arpón... ¡el 

arpón! (Se levanta y queda pensativa. Después corre- 
á buscar el arpón, aue se halla bajo la escalera, y lo- 
saca con alegría salvaje.) ¡Ya sé dónde está! ¡Ya 

lo tengo! ¡Ya es mío! (Besándolo.) ¡Cuántos 
años hace que nos queremos él y yo! Y r o soy 
la madre: él es el hijo. ¡Y qué cariño tan 

grande nos tenemos! (Meciéndole en sus brazos, 
como si fuese un niño. Después se pone á cantar.) 

«A la vera de la mar...» 

(Suspende el canto, arroja el arpón y escupe rabiosa, 



76 — 



Tomas 

Águeda 

Tomas 

Águeda 

Tomas 

Águeda 

Tomas 

Águeda 



Tomas 



limpiándose los labios con la mano.) ¡Iih! ¿Qué es 

lo que estoy cantando? Su canción. ¡La que 
él quería que yo aprendiese cuando me en- 
gañaba! ¡Maldito sea él, y maldita sea yo y 
maldita la Marión al ¡Qué rabia la tengo! 
Pero no la puedo matar, porque sus padres 
me salvaron la vida (pausa.) Desde ese mar 
parece que me están llamando... [hija, hija!... 
como si sus gritos hubieran quedado revo- 
loteando sobre las cías cuando ellos se hun- 
dieron. ¡Oh, el mar es muy bueno! ¡Qué rá- 
fagas tan frescas llegan, y cómo se engancha 
el pecho para recogerlas y cómo llegan has- 
ta el alma! (Desabrochándose el cuello y el vestido 
en la parte alta del pecho.) El mar SÍ que me 

quiere, y no la tierra, en que no hay para 
mí más que miseria 3 r muerte y lágrimas, 
¿mes para qué he de ver á ese hombre? Que 
se harte de alegría entre esa gente, que ya 
está bien entre ellos, porqus él es lo mismo 
que ellos. (Arroja al suelo el pañuelo del cuello y se 
rasga las ropas, quedando con el vestido abierto ) ¡ Ay, 

padre! ¡Ay, madre mía! ¡Abridme los brazos! 
¡A ellos vo} r ! ¡Sobre vuestro pecho voy á 

Caer! ¡Recibidme! (Corre para precipitarse en el 

mar.) 

(Saliendo rápidamente y deteniéndola.) ¡Águeda! 

¡Águeda! 

(Gritando fuerte.) ¡Padre! ¡Madre mía! 

(Luchando con ella.) ¡No, eso no! 

¡Padres! ¡Llamadme... llamadme para que 

me suelte! 

No te suelto; te ato conmigo, (los dos luchando 

caen al suelo.) 

¡Que me dejes! ¡Que te haré pedazos! 

Jures mía. (Luchando los dos sobre la arena.) 

(pegándole.) ¿Que yo soy tuya"? ¿Tu} r a y me 
has engañado? ¡Toma! Que quiero desga- 
rra] te el alma; ¡pero no sé dónde la tienes! 
¿Dónde la tienes, ladrón, engañador, mal- 
dito? 

(Mezclando estas frases con las anteriores de Águeda.) 

Pégame. Todo lo que quieras. Pégame, que 
yo te besaré las manos. ¡Pégame en la caral 



— 77 — 

Que por cada golpe que me des, he de repe- 
tir que te quiero. 
Águeda No; con las manos, no, que no te hago 

daño. (Procurando levantarse y desprenderse de To- 
más Pedro.) Lo que quiero es matarte, como 
mato á los delfines allá en el mar. ¡Matarte! 
]Y ahora, ahora mismo ha de ser! (Águeda. 

queda en pie y él en el suelo, cogido á sus rodillas 
para que no escape.) 
TOMAS Águeda, escucha. (Ella hace esfuerzos por escapar.) 

¡Por tus padres! ¡Por ellosl Porque ellos 
quieren que tú seas mía! 

Águeda (sintiendo que va á ceder.) Eso. ¡Sí, mis padres! 
(con rabia salvaje.) ¡Padres! ¡Llamadme fuerte, 
que os oiga! ¡Padres, padres! (Llorando y vol- 
viendo a caer medio vencida.) 

Tomas No; calla y óyeme: y después, si quieres me 

matas. 

Águeda Ya no les oigo á mis padres; } r a no oigo 
más que la voz de este hombre, que el mal- 
dito ahoga la voz de mis padres. 

Tomas ¡Águeda!... 

ÁGUEDA ¡No puedo más! (Mientras habla Tomás Pedro, 
Águeda repite maquinalmente la palabra «padres» cada 
vez en voz más baja, y al fin no hace más que mover 
los labios.) 

Tomas Sí, Águeda, sí; óyeme: porque voy ádecíterlo 

todo. Soy muy malo; lo sov. ¿Ves tú cómo 
te doy la razón? Entraba por la noche en tu 
casa, es cierto; pero te quiero á tí sola. Iba 
por la Mariona: por ella ¿Ves tú cómo no lo 
niego? Pero te quiera á tí sola. Y como he 
festejado á la Mariona, he festejado á otras 
muchas: yo,yomismo. ¿Lo estás viendocómo 
te lo confieso todo? Haces bien en pensar 
que soy un hombre infame,un engañador, un 
maldito; porque no he querido á ninguna, 
nunca, nunca; pero te quiero á tí sola. Ni en 
la tierra, ni arriba en el cielo, ni en ningu- 
na parte, hay para mí más que una sola 
mujer: ¡mi Águeda! ¿Lo estás oyendo? No- 
tengo pakbr-as, ¡ira de Dios! para hacer que 
esto lo veas claro, muy claro. No tengo más 
que mis ojos: ¿á ver si en ellos ves algo? ¡Y 



-78- 

mi aliento! A ver si lo sientes venir del alma. 
Mírame, acércate más aún, y á ver cómo ha- 
ces para no creerme. ¿Verdad que me crees? 
Quiero que á la fuerza me creas; porque si 
no me crees, me muero de rabia. Sí, Águeda, 
sí: consumido por la rabia. 

Águeda ¡Ah! Como yo supiese que te habías de con- 
sumir de rabia, toda la vida me pasaría di- 
ciéndote que no te creo; y me reiría como 
una loca viendo cómo te consumías y cómo 
te morías; pero teniéndote como ahora te ten- 
go, no te lo puedo decir, porque toda yo 
dice que sí, que sí te creo. Y miro arriba, y 
miro á la tierra, y no parece sino que se 
está haciendo de día para decirnos que so- 
mos nosotros los que estamos haciendo el 
día. Así, asi. (Mirándole á los ojos.) Así querría 
que me quisieras siempre; tú mirándome, y 
yo teniéndote sujeto por el cuello para re- 
cogerte el aliento y que no vaya á escaparse 
con otro nombre. Que si dices otro nombre 
que no sea el mío, antes de que lo digas te 
lo ahogo en la garganta: y como pueda lle- 
gar á tus labios besándote con mis labios, 
Je saldría al encuentro para morderte y des- 
pedazarte á tí y al nombre maldito; que os 
había de matar á los dos. 

Tomas ¡Aguedal como yo nombre con una miaja 

de cariño á otra que. no seas tú, mátame. 

Águeda ¡Maldita sea esa mujer que me quiso quitar 
á mi Tomás Pedro! Di que la aborreces. Di 
que es maldita la Mariona. 

Tomas ¡Sí, sí! ¡Lo es! 

Águeda No, de ese modo no. Has de decir tú mis- 
mo: «¡Maldita, maldita!» 

TOMAS (Casi al mismo tiempo que ella.) Sí, maldita. 

Águeda Tomás Pedro. Júrame, po-r la memoria de 
mis padres, que ya títineá más has de ver 
á la Mariona, ni has de hablarla. 

Tomas Nunca más. Te lo jilro. Nm ;a más. 

Águeda Pues ya está jug aerte, que ahora 

estoy bien resue 1 uesto en pie.) 

Tomas ¿Qué haces? 

ÁGUEDA Volver á VÍV ; e rápidamente el cabello, 



Tomas 
Águeda 



Tomas 
Águeda 

Tomas 



— 79 — 

cogiendo el pañuelo de la arena y sujetándose el ves- 
tido.) 

¡Águeda! 

Y ahora, que la Mariona y que toda esta 
gente sepa que nos queremos. Tú eres para 
mí, Tomás Pedro, y yo para tí lo soy todo, 
i Para siempre! 

Pues vamonos de aquí, y no volvamos nun- 
ca más. 
Nunca más. 



ESCENA VIII 

ÁGUEDA, TOMÁS PEDRO, BALTASAR, después CATALINA y 
MARIONA 

Bal. ¡Esperaos! 

Tomás ¿Qué ha dicho el señor párroco? 

Bal. Que os casará si os queréis de corazón. 

Águeda ¡A. nosotros! 

Bal. Venid conmigo en seguida. 

Águeda Eu seguida: y después huimos del pueblo. 

Cat. ¡Tomás Pedro! 

Tomás ¡La Catalina! (con desprecio.) 

Águeda No quiero ver á nadie. ¿Será capaz de enga- 
ñarme todavía? 

Ca" 1 ". (á Tomás Pedro, deteniéndole.) Una palabra; mira 

que te pierdes. 

TOMÁS Dí esa palabra. (Águeda desde lejos llamará repe- 

tidamente á Tomás Pedro.) 

Cat. Yo ya he acabado. Ahora le toca á la Mario- 

na. Yo COn i gueda. (Aparte, saliendo rápidamente 
en la misma dirección que salió Águeda.) 



ESCENA IX 

MARIONA y TOMÁS PEDRO 



Mar. Quiero saber adonde vas. (lo dice casi ai mismo 

tiempo que las últimas palabras de Catalina.) 

Tomás A huir del pueblo y de todo el mundo. (Ya 



— 80 — 

sin podarse contener y revelando claramente que ya 
no quiere á Mariona.) 
MaR. (Cerrándole el paso.) No. Yo me VOy Contigo. 

Tomás Tú te quedas aquí... 

Mar. (siguiéndole. ) No te dejo. 

ToMÁá (Amenazándola.) ¡Cállate, cállate! 

Mau. Y ahora misino lo publicaré todo (Gritando ) 

¡Venid! | Aquí todo el mundo! 

TOMÁS ¡Mira que te ahogo! (abrazando á Mariona, para 

impedir que continúe gritando.) 

Mar. Ahora ya te tengo y no te escaparás. (Mariona 

echa los brazos al cuelo de Tomás Pedro y entrelaza 
las manos para evitar que se escape.) 

Tomás (Desesperado.) ¡Si me repugnas! Si no quiero 

más que á Águeda. 
Mar. ¡No te irás con ella! ¡Si no me arrancarán de 

aquí! 
Tomás (con voz concentrada.) ¡Cállate! ¡Cállate! 

Mar. (También con voz concentrada.) ¡No! ¡No! 



ESCENA X 



DICHO?. ÁGUEDA v CATALINA 



Cat. 
Agufda 



Mar . 

Tomas 
Mar. 

Águeda 

Tomás 
Cat. 

Ma.u 

Águeda 



(Á Águeda.) ¡Mírale .. con Mariona! (Riendo.) 
¡Y la abraza! ¡Me ha engañado! (corre á buscar 

el harpón. Mariona ha visto á Águeda; Tomás Pedro 
no, por estar de espalda luchando con Mariona para 
que ésta le suelte.) 

(aparte.) ¡Ah! ¡La Águeda! 
¡Cállate! ¡Cállate! (a Mariona.) 
(Mirando á Águeda.) ¡Nos queremos! ¡Nos que- 
remos! 
¡Ah! ¡Ladrón! ¡Toma y muere! (clavándole el 

harpón ) 

¡Jesús! 

¡Gracias, Águeda! (A media voz y entrando en su 
casa.) 

¡Aguada! 

Yo, SÍ, yo. (Riendo con delirio ) Yo, que 8e lo 

he hundido al maldito, como se lo hundo á 
los pescados en el lomo. 



— 81 — 

MAR. ¡Aquí... pronto... aquí...! (Corriendo por la es- 

cena.) 

Tomás ¡Águeda! ¿Qué has hecho? ¡Si yo te quiero á 
tí sola! ¡Si yo iba á buscarte en seguida! 

(Águeda ríe como una loca delante de él sin compren- 
derle.) 

MAR. (Yendo á socorrer á Tomás Pedro.) ¡Tomás Pedro! 

TOMÁS (Apartándola con rudeza.) No, Mariona, no. ¡Yo 

no te quiero á til ¡Yo no quiero á nadie más 
que á ella! ¡A Águeda! ¡Águeda es mía! 

Águeda ¿Tú á mí? ¡Cios de los cielos! 

Tomás Sí, ¿ ti sola... te quiero... á ti sola... iba á 
buscarte. . ¿Qué has hecho?... Adiós. (Muere.) 

ÁGUEDA (Comprendiendo todo y dando un chillido.) ¡Ah! 

¡Tomás Pedro! .. ¡Tomas Pedro!.. ¡Muerto!... 

¡Y yo le DCaté! ¡Yo le maté! (Abrazando al ca- 
dáver.) 



ESCENA XI 

ÁGUEDA, MARIONA, TOMÁS PEDRO, BALTASAR, LUISA, GREGO- 
RIO, RUFO, FILOMENA, MOLLERA, HOMBRES y MUJERES 

Mar . (a Águeda.) ¡Infame! ¿Así nos pagas lo que 

nos debes? ¡A los míos se lo debes todo, has- 
ta la vida! 

Águeda ¿Qué? ¿Que te debo la vida? (incorporándose ) 
Pues no la quiero de ti... ni la vida, ni nada. 

(Sube corriendo á las rocas del foro.) ¡Padres!... ¡Pa- 
dres de mi alma! ¡Ya vuelvo á vosotros! 
[Padres... padres! ¡Maldito sea el día en que 

me recogió esta tierra! (Arrojándose al mar. Gri- 
tos de todo el mundo.) 

Balt. ¡Detenedla! ¡Señor, misericordia! (Mariona que- 

da apoyada en la baranda de la escalera, escondiendo 
la cabeza entre los brazos, de espaldas al público. 
Catalina no se ha presentado en escena. Un grupo, y 
todos de pie, rodea á Tomás Pedro. Otros han corrido 
tras de Águeda.) 



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